The Lonely Traveler

Oh, no, no, you’re not lost. You’ve just arrived at the Unbelievable Stories of the Lonely Traveler! Welcome! Now you be good, go get your cup of coffee, and sit back comfortably. Enjoy the ride!

Stories by Ricardo Trelles

Hace unos días, un amigo me escribió un breve mensaje para saludarme, y después de reconfirmarme que andaba (yo) perdido de este planeta (ya lo sabía), me preguntaba si en la foto que aparecía sobre sus líneas, había estado yo de visita en Bagdad. Supuse que lo decía en broma, aunque suelo coger un avión por ahí y darle a la pata al estilo de Marco Polo hasta donde llegue la tarjeta de crédito. Lo cierto es que, como me gusta el mundo de los viajes y sé bien que cuando tenga 93 años no podré hacer lo que hoy podemos, pues decidí contarle a este buen amigo, también egresado de la Facultad de Lenguas Extranjeras (Ruso), en un par de cuartillas la historia de cómo llegué a Bagdad, o no. Habrá que leer hasta el final.

A menudo una palabra, una ciudad, un nombre, una canción, un libro, un personaje o hecho histórico, desencadena una retahila de pensamientos y memorias de historias vividas o de horizontes por conocer. Esa es la aventura de la vida.

Sé que no soy perfecto, ni intento serlo. Respeto las libertades de todo y de todos, sobretodo la que te da el mando de control para apretar la teclita de DELETE o BORRAR. Y sí, supongo que en alguna ocasión en esta vida me han eliminado de la listica de amigos de alguien, y bueno, la vida sigue adelante. Si vas a guardar las negativas, los prejuicios, las derrotas, los tabúes, los complejos y los sustos en una gaveta, coño, imagínate tú, con tantos que hay en esta vida, creo que necesitarás un edificio completo para que no se te salgan del closet.

Mejor ciérrate la portañuela, levanta la quijada, aprieta el culo, y dále pa’ alante que la victoria no es de los flojos, sino de los valientes.

Cuando de niño me prometí que un día conocería muchas de las cosas que sólo podía ver en un libro o un documental en el cine o la televisión, nunca pensé que el llegar a cumplir mis propios sueños me reportaría tanta alegría y felicidad, a mí y otro montón de seres queridos y buenas almas, de mi propia familia, que aunque no físicamente, sí estaban también ahí conmigo, y a muchos amigos que cuando ven las tantas fotos que tomé (soy un ávido fotógrafo amateur), se quedan boquiabiertos ante las maravillas, travesuras, y experiencias que bien sé, de niños, todos quisimos conocer. Por eso sé que soy privilegiado, porque pude conocer muchas de estas cosas que de niño sólo podía soñar, y porque tengo una familia fabulosa que me quiere y unos amigos adorables que me escuchan los cuentos y me aguantan la trova.

¿Qué más se puede pedir, salud, una mujer fiel, hermosa, amiga, y compañera, un vaso de vino, un buen libro, mi perra Luna, mi cámara de lente mágico, y un ticket de tren para dos hacia el Lejano Oriente? En todo caso, mil problemas, imperfecciones, vicisitudes y tribulaciomes han plagado los caminos en mis viajes por conocer lo que tanto he soñado, por vivir lo que tanto amo, la vida. Pero al final de la jornada, a pesar de las tormentas, ver el Sol salir un amanecer sobre el Río Bósforo y el cielo limpio de nubes y lleno de torres de mesquitas, bueno, para todo lo lindo que un día llegué a tocar, bien valió la pena pasar por los baches del camino. Esa es la aventura de mi vida.

Con un león amigo mío, en la base al monumento a Cristóbal Colón al final de Las Ramblas en Barcelona.  Yo sé que no tiene nada que ver con este viaje, pero me gusta la foto.  Esto es pa despistar a la gente del G2, muchacho…  

Esta historia, cuyo fragmento incluyo, está en proceso de edición, pero si quiere desconectar el plug un ratico, entonces lea.  A lo mejor se entera de cómo se llega a Bagdad, aunque le aseguro desde ahora, que no es por el camino más corto.

“… Hectórovich, éta mayá pa drúga…, brother, desconectado de esto por meses, ya lo sé, bueno, aquí regreso. ¿Cómo anda la tropa por allá? Ya ví unas fotos de familia, muy cálido y ameno el aspecto de todos, los muchachos grandísimos, el guauguau también, y la nieve, y los monos con sus largas barbas museables y sus pelos alborotados, los monos y los humanos, me dio muchísima gracia.

Por cierto, estuve leyendo el comentario de Daniel Chavarría en el blog de Jiribilla, y bueno, yo soy bastante neutral para muchas cosas, pero con el socio de la barbita no, brother, la verdad, no. No entiendo. Nuestra generacion ha sufrido mucho con tantas familias separadas por cuenta de conquistar la verdadera libertad, no la que nos vendieron los barbudos aquellos antes de nosotros siquiera nacer. Pero igual, intento ser quien digo ser, un tipo neutral, así que me callo.

Además, Chavarría me caía muy bien, en segundo o tercer año de la carrera fue mi profesor de Composición Española, y disfrutaba grandemente sus conferencias y tertulias porque tenía en mí el sueño idílico aquel de un día escribir, y a diferencia de muchos, como yo era medio barco y rebelde solía hacerle mil preguntas de cosas que me interesaban y que él ya conocía, como el metro de Roma o el metro de México, DF. Sus historias eran entretenidas e inspiradoras.  Creo que cualquier gran escritor me hubiera sido útil igual porque 20-30 años de andar el mundo no caben en un librito de gramática, y pronto se te desbordan las historia, la gracia, la experiencia, y las huellas del jolgorio. La verdad es que con él me iluminé de cosas grandiosas de este mundo, sobre capitales antiguas y modernas, y sobre el mundo inmenso y fascinante que no podíamos ver allí presos en nuestra islita.

Sobre la foto, no es Bagdad. ¡Ojalá! Si supieras. Es más, te hago la historia, porque sé que eres un tipo con cerebro y entenderás la aventura, la neutralidad, y la osadía. Resulta que un día estaba yo en Estanbul, el día que llegué allí buscando las 7 maravillas del mundo. Increiblemente, mi maletín se había quedado en Roma. Cuando el representante de Alitala que me chequeó la maleta en Miami, me propuso que la chequeara directo hasta Estanbul, debí saber que alguien iba a bajar la maleta de un avión para ponerla en el otro. Debí saber que ese mejor alguien era yo, y no el consorte maletero en Fiumicino, porque si algo sucedía y se perdía la maleta, nadie lo iba a sufrir más que yo.

Bueno, ahora ya lo sé. La maleta llegó bien a Roma, pero a algún volao se le ocurrió echarse un cigarrito o un cafecito o coger un diez, y nada, mi maleta se quedó allí en Roma rodando por aquel aeropuerto supongo un par de días. Nada, yo en Estanbul, lidiando con mi maleta perdida. A esa hora busca a un representante de Alitalia en Estanbul para que te busque tu maletín. Y procura hablar turco, ¿sabes?, porque es sábado en la noche y todo el mundo se fue de rumba, bueno, no tanto. Hay cosas que no entiendes en el momento en que suceden, pero luego tienen algún sentido.

Supongo que Dios no pensó que llevarme una maleta con rueditas a una montaña en casa de las quimbambas era sabio, ciertamente no, o al menos no por aquellos lares en los que algunos peligros se podían pintar solos. Yo entiendo a Papá Dios cuando El me trata de decir estas cosas, y a veces lo acepto a regañadientes, como un niño majadero que no se quiere tomar su café con leche, pero al final sabe que es bueno para su salud. Siempre al final, termino agradeciéndole, a Papá Dios, por cuidarme siempre por ahí por los caminos de este mundo.

¿Qué puedo decir? Vámonos con el plan B. Me monté en otro avión, de Estanbul a Malatya, sin mi equipage, y me fui hacia el este de Turquía, para visitar Nemrut Dagi, una montaña mágica, que después le daría un toque especial a mi periplo.

La Mezquita Azul (Blue Mosque), Sultanahmet, Istanbul, desde una ventanilla indiscreta del piso superior de Hagia Sophia. Esta imagen te eriza los pelos del cuello porque sólo unas pocas mezquitas en el mundo tienen seis menarets (torrecillas), y la tenue luz del atardecer te revela cuánta gracia y magnificencia ponía la mano del artesano y el arquitecto musulmán en esas maravillosas construcciones que hoy nos quedan del Imperio Otomano. Y tú, calladito, boquiabierto, presenciando el embrujo maravilloso de esta reunión de cúpulas y torres que buscan las estrellas…  

Nemrut Dagi (a 100 km de Malatya) está al este del todo, yendo hacia el sureste, al lado de Siria e Irán. Yo decía, “coño, un brinquito más, y estamos ahí mismo en Bagdad.” Pero debía enfocarme en mi horario y mi plan, por eso no lo hice. Yo no hablo árabe, y aunque soy un tipo aventurero, la materia gris todavía nos ayuda a discernir entre lo que es la locura en la aventura, y la mera estupidez. Así que pospuse el brinquito a Bagdad temporalmente, y me fui por carretera por todo el sur de Turquía, a ver las dos maravillas del mundo antiguo que hay en ese hermoso país, el Mausoleo de Hallicarnassus, en Bodrum, y el Templo de Artemisa, en Efesus.  

Encuentro mágico! Mi añorada visita a la Biblioteca de Celsius en Éfeso (Efesus), Turquía. Toda la ciencia, la historia, la música y las artes, el conocimiento, la humanística y la sabiduría de siglos delante de tus manos, como un libro antiguo que se deja cuidar y te derrama todos sus secretos en un abrazo cordial de bienvenida, y te susurra un grito de mármol al oído: “por dónde andabas, chico, que te has demorado tanto en llegar…” Hay pocas emociones comparables a las de hablar de cerca con un viejo amigo, aunque ya su techo no exista. Después de este abrazo, Efes se te cuela en la piel para siempre.  

Luego seguí hasta Troya (el solo encuentro con el taxista de Cannakkale merecería dedicarle un cuento de mil páginas), y de ahí por el bello Mar de Marmara hacia Estanbul, que es hoy por hoy uno de los lugares más hermosos e impresionantes que haya vivido jamás. Si alguien me dijera de irme a estudiar y a vivir allí unos años, la maleta está hecha, con eso te lo digo todo. Estanbul tiene un misterio especial; un aura bondadosa de historia y de leyenda la cubre, y al tocar su velo, te quedas como el novio que no puede besar a su amada… hasta que no te cases. ¿Será que algunos placeres de esta vida bien valen cada segundo de la ansiedad de soñarlos?  

Nemrut y Gaziantep eran puntos importantes en el este de Turquía, y por ellos me orientaba bien en mi mapa imaginario, en mi mente, en mi ruta hacia el sur buscando el Mar Egeo.  Cada país le pone a su mar el nombre que heredaron de sus antepasados, pero todo eso es el Mediterráneo Oriental. El haber consultado y haberme aprendido casi de memoria decenas de nombres, de lugares, de rutas, desde las históricas rutas del Camino de la Seda de Europa hacia el Oriente, hasta las rutas más actualizadas de la cartografía moderna, vamos, los mapas digitales de Google, Yahoo, y Microsoft, y aprender a reconocer antes de haberlos siquiera conocido en persona, los lugares y rutas en Google Earth, el haber tenido acceso a todo ese mundo de datos e ideas de antemano, ciertamente fue una ayuda inmensa y muy valiosa.  

Siempre le recomiendo a mis familiares y amigos, a mis colegas y alumnos, que consulten estos materiales de referencia, porque son insustituibles en su detallada información para el viajero, no sólo en cuestión de geografía, economía y política, sino también en valiosos datos sobre costumbres religiosas, festivales regionales, historia de los pueblos y su gente, comidas y bebidas, y la cultura de esos países en general.  

Un día soñé con visitar las siete maravillas del mundo antiguo. A pesar de los tantos peros y obstáculos, aquí estamos, gracias a Papá Dios, admirando la belleza y la historia de una de estas maravillas. Díme que no te embullas a dar un paseo en el yatecito. El Mar Egeo es un bandolero, de sólo mirarlo te embruja y te posee, te llena la mente de estrellitas y velas, como si fuera un pirata que captura para sí a una doncella o una fragata. Díme que no quisieras una doncella para ti solito, o una fragata. No, no lo vas a entender hasta el día en que te pares frente a este mar abierto, solemne, tranquilo pero bravo, y te cuente de siglos de piratas y flotas, de guerras e invasiones, de reinos y conquistas… Y quizás también, del perfume y los cabellos de la hermosa doncella. Castillo de Bodrum (Mausoleo de Hallicarnassus), Bodrum, Turquía. 

Frente a la única columna que queda del Templo de Artemisa en Efes (Efesus). El templo original tiene que haber sido algo impresionante, con más de 50 columnas como la que se ve aquí. No por gusto es considerada una de las siete maravillas del Mundo Antiguo. ¿Curioso/a por saber cuáles son las otras? 1. Templo de Artemisa, Efesus, Turquía 2. Mausoleo de Hallicarnassus (Castillo de Bodrum), Bodrum, Turquía 3. Pirámides de Gizah, Cairo, Egipto (única que queda intacta) 4. Faro de Alejandría, Alejandría, Egipto 5. Coloso de Rodas, Isla de Rodas (Rodos), Grecia 6. Estatua de Zeus, Olympia (Peloponneso), Grecia 7. Jardines Colgantes de Babilonia (Babylonia, Asyria), en la actual Bagdad, Iraq Y éstas son las siete NUEVAS maravillas del mundo. La votación se tabuló por correo, teléfono, e Internet, y los ganadores se anunciaron al mundo el 7 7 7 7 7, o sea, a las 7 y 7 minutos de la tarde, dicen, del 7 de julio del año 2007, por buen augurio. Si quiere conocer más, entonces visite: http://www.new7wonders.com/ 1. Pirámide de Chichén Itzá, Yucatán, México 2. Estatua del Cristo Redentor, Sao Paulo, Brasil 3. Coliseo (Colosseo), Roma, Italia 4. Taj Mahal, Agra, India 5. Gran Muralla China, Beijing, China 6. Antigua Ciudad de Petra, Jordania 7. Ruinas de Machu Picchu, Perú. 

Después de bordear la costa sur-suroeste de Turquía, salí de Troya (Cannakkale) por mar hacia Estanbul, y luego de una semana maravillosa en la metrópolis que comparte su magia inmemoral sobre dos continentes, me fui al Cario. Ya en Egipto, un largo periplo por la geografía de esta nación antiquísima, una marcha atrás en el tiempo, pero en tren, con el desierto respirándote ahí en la nuca, a sólo centímetros de tu ventanilla en el expreso de Asuán, y el viento frío, y el calor agobiante, y la línea del ferrocarril que te lleva de Norte a Sur siempre fría, siempre atenta a las ametralladoras de guerrillas insurgentes. Esa misma línea vertical te lleva luego de Sur a Centro (Alejandría, Cairo, Asuán, Abu Simbel, Edfu, Kom Ombo, Luxor, Karnak). Allí presencié las dos maravillas del Faro de Alejandría, en la ciudad homónima que fundara el invicto conquistador helénico, y las Pirámides de Gizah (Keops), al borde del desierto, en el Cairo.

Tocar el mar que Alejandro Magno cruzó y alabó, caminar el malecón y la ciudad que fundó, sentarme frente a millones de imaginarias mentes sabias que un día nos legaron todo lo que hoy es tan común, para mí fue un momento importante en esta vida y un privilegio el “tocar el saber”, ahí, tan de cerca, ahí delante tuyo, tan cerquita. El recinto donde la UNESCO aspira a guardar TODO el saber, todas las copias de todos los libros y todos los sitios de Internet (Internet Archive), y todos los volúmenes de la sapiencia humana publicada, de todos los tiempos, joder, estoy tan emocionado ahora mismo como cuando entré a la Bibliotheca Alexandrina.

The great, new Bibliotheca Alexandrina, right in the place where the original was burned down and destroyed by war, fire and centuries of conquests. Alexandria, Egypt. 

Es difícil explicar lo que se siente al estar parado en el mismo sitio en que hace dos mil años los eruditos de la época discutían un tratado de leyes, medicina, o aritmética, o leían un mapa de Tebas o Esparta, o editaban en griego algún poema épico en papiros. Pero visitar estos lares es un privilegio único que no olvidarás. Interior de la nueva e impresionante Bibliotheca Alexandrina, Alejandría, Egipto.  

La energía de Keops es potente, rejuvenecedora, y maravillosa. ¿Acaso no la sientes? 

Riqui Sugar Baby a lo guaresquein friquii my love, como dice my brother Henry, tú estás loco, asere, !caminando! Te metiste todo ese tramo caminando desde el downtown del Cairo hasta las pirámides, loco tostao pal carajo… Bueno, sí, ¿qué quieres que te diga? Hay quien prefiere un Lexus nuevo todos los años. Yo estoy loco con mi caminata por el Cairo, sí, crazy, I know, loco pero happy, aseremonina, que me digan loco pero soy feliz… 

Claro que cada lugar tiene su encanto y su historia.  Y aunque todos y cada uno de ellos me cautivó de una forma diferente, no puedo decir que tal maravilla es superior a tal otra. Todas son increíbles, grandiosas, importantes, insuperables, e insustituibles.

En Grecia, otra larga y divertida ruta, desde las maravillas del Coloso de Rodas, en la isla homónima, y el Templo de Zeus, en Olympia, hasta la gracia incomparable de Atenas, las hermosísimas islas de Santorini, Mykonos, Delos, donde comenzó todo, y las norteñas montañas de Delfos y Meteora. Grecia es un capiítulo aparte en esta vida, porque a quienes nos gusta el arte, la literatura, la mitología, la escultura, la arquitectura, la música, no puede haber muchas cosas por ahí que sean un mejor regalo que el “vivir” las piedras maravillosas aquellas, y caminar por los caminos mismos de la Ilíada, de aquella mismísima Ilíada que a menudo odíabamos como tarea de estudiante de secundaria o de pre-universitario allá en la escuela Lenin.  

El Hacedor de Sueños es un duendecillo jovial, poderoso, verde como la esperanza, que habita en las notas misteriosas y tenues de un violín. Un día subes por la colina que bordea la Acrópolis de Atenas, arrastrando en tu mochila todos esos deseos y sueños y esperanzas de antaño, vamos, tres toneladas de deseos, sueños, añoranzas, y esperanzas, desde la primaria, la Lenin, los Camilitos, el Pre Pablo, la Universidad, y luego los años de guía de turismo, deseando escaparte de Cuba, y nada, subes tu colina sin saber lo que viene en tres minutos, y allí mismo en la cumbre te espera el duendecillo. Este duendecillo es un cabroncito y un jodedor, te ve cansado, pero esperanzado, y te toca por el hombro con su varita mágica, y te dice melodiosamente: “!Ta-tán! No, brother, no estás soñando, esto es de verdad. Y por cierto, eso que está allá atrás tampoco es un edificio de microbrigadas. Anda, camina hasta allí, tócalo, vívelo, que ya esto no es un sueño: !llegaste al Partenón!”  

Hasta aquí tenías que llegar, balsero, aunque fuera abajo de la fría llovizna. Este es el sitio donde otrora se irguiera invencible el Coloso de Rodas, en la Isla de Rodos (Rodas), Grecia. Una verdadera maravilla. No, de verdad, es una de las siete maravillas del mundo antiguo.   

Cuando uno hace un merengue, digamos un merengue de vainilla, de canela, junto con los ingredientes esenciales uno le va poniendo tiempo y dedicación, y ya terminado, tibiecito todavía de la cazuela donde lo batiste, luego lo esparces sobre la panetela–bueno, puede ser sobre un pastel de helado de chocolate–uhm, ya se me hace la boca agua, traga, traga…, decía, una vez que ya ha cuajado el merengue, entonces lo frotas contra la masa del pastel con suavidad, con paciencia, con amor, con deseo. Como si fuera ese merengue firme y juguetón, allá al fondo, lejos–acércate para que lo sientas–allá lejos, las nubes, las montañas y el Sol se derriten melodiosamente, misteriosamente, sobre el puerto de Pireaus, como esperando una sonrisa de despedida a través de ese último rayito de luz, quizás persiguiendo a la fresca mañana para lanzarse a una nueva conquista de la historia. Esta foto me conmueve, porque a la caída del Sol, todavía con luz de día, la mente se te escapa veloz dos milenios en retroceso por el caudaloso río del Tiempo, y aunque vas bajando los escalones del Partenón camino a algún entretenido café ateniense, cada paso se siente como que vas zarpando de un puerto nuevo cada día, y cada día listo para una nueva conquista. Así se te mete Grecia en el cuerpo, así te trabaja la mente. Y tú feliz…   

My beloved Athens, when I lived in Havana, in my mind, I could only feel you. Today, I can finally touch you. I can realize this long-awaited dream. Thou art magnificent! Now you will live in me forever! To my mother and my father, my daughters, my sister and my brothers, and my dogs and pets at home, this one is for you! I love you!   

De mi amada Grecia, seguí hacia la bella Italia. Eso, señoras y señores, es otra película, que dejaremos para otro día. Te hago toda esta introducción para que entiendas mi aventura inacabada de Bagdad. No se si vas contando, pero te ayudo. Hasta aquí 6 maravillas, y todo bien, hermoso, bello, alguno que otro peligro por el camino, pero fantástico el viaje, un viaje literalmente fantástico, lleno de fantasías realizadas, y de maravillas antiguas y modernas, y de cosas hermosas que siempre quise conocer.

Pero faltaba algo, la séptima maravilla. Y ésa prácticamente imposible, porque ésa era los Jardines Colgantes de Babilonia, que estaban en lo que es hoy Bagdad. Y en medio de una guerra, oye, yo no tengo nada que ver con tanques y guerras ni nada de eso.  Mi forma de batallar y mi mundo de guerrero es de estudios y viajes, y no es el de los tanques. Así que no me fui a Bagdad. Pero no es que no lo hubiera deseado cada minuto.

Después de dar rueda en tren por toda Italia, al final de mi periplo, estoy yo en FCO (aeropuerto de Fiumicino, Roma) y conozco a una joven americana de Maine, que iba de paso hacia Viena, Austria.  También había conocido una hora antes a una japonesa, en el tren de Roma a FCO, que intentaba tomar un vuelo hacia el Medio Oriente, y a un muchacho belga u holandés, que iba también hacia Dubai, o alguna otra ciudad por allá por el Medio Oriente.  Todos estábamos medio preocupados porque la disponibilidad de vuelos de Alitalia hacia el exterior andaba mal, debido a una huelga de empleados de la aerolínia. Pero claro, yo cubano, acostumbrado a esperar en la terminal de omnibus 10 horas , 24 horas, 3 días, nada, tranquiliito ahí a ver por dónde salía un vuelo. Bueno, yo iba hacia Sicilia. Pero igual, sin mucho rumbo, sólo sabía que allí estaba la isla y que había alguien a quien vería.

Por un minuto titubeé: “¿será que el Destino intenta decirme algo a gritos: véte ahora mismo a Bagdad y disfruta los Jardines Colgantes de Babilonia?” O quizás me estaba gritando que si hacía eso sería una locura. También me pudiera haber ido a Túnez, o Malta, o Córcega.  Mi brújula también me pedía Mediterráneo, y yo estaba listo para dárselo, vamos, ready.  Era una difícil disyuntiva, porque yo estaba igual de mentalizado en que tomaría el primer avión que saliera de Roma, a donde quiera que fuera, digo, escala en donde fuera, y luego a Bagdad.  Pero Sicilia me llamaba con mucha fuerza.

En medio de aquella pequeña batalla mental de planes rápidos y conjeturas de pros y contras de a dónde me debía ir, recordaba cada segundo de mi conversación con un tipo que conocí en Estanbul, a quien también le habían perdido la maleta. Aquel socio iba hacia Arabia Saudita, y de ahí tomaba un avión charter hacia Bagdad. Me había dejado un teléfono, que yo le había pedido por si un día se me ocurría la aventura, y yo decía por dentro: “¿será que no estás satisfecho, Ricardo Trelles, con todo lo que has visto ya, y quieres arriesgar tu buena fortuna en una zona de guerra?”

Claro, el tipo era un mercenario de estos que hoy las grandes potencias fabrican a granel, sin mucha atención al detallito de limar las esquinas, los modales, o las asperezas sociales, como dicen los americanos. Era un individuo a quien se le veía la cara de invasor a la legua, un yuma loco de extrema derecha, supongo que con no menos de 20 tatuajes, que sabía lo poderoso que era, o es, su pasaporte, así azulito oscuro, vamos, un paife yuma, ya sabes, con su águila en el medio y todo, y nada, con su mochila khaki de lona a cuesta, llena de deseos de invadir algún país, o si no, por lo menos, de quitarle el asiento a una viejita en la guagua, no sé, cuando uno abre la boca se sabe mucho de donde ha estado y hacia donde va una persona en esta vida.

Obviamente, con tantas empresas americanas haciendo negocios de todo tipo por el Medio Oriente, muchas de las cuales andan forrándose de dinero con el tumbao éste de la guerra contra el terrorismo, pues claro, no era difícil conseguir que uno de estos “contractors” te contratara en cualquier centro comercial, o parque, o aeropuerto de este mundo, como personal de inteligencia o de seguridad personal de algún ente grande y oscuro de un lugar lejano, acaso prohibido.

La gente que me conoce bien sabe que estoy en contra de la guerra, y que entiendo cabalmente que hay guerras necesarias, pero ésta no era una de ellas. Esta guerrita, o esta guerrota, fue pura expansión territorial, porque los recursos minerales, entiéndase agua y petróleo, en aquella zona del mundo, son, uno muy escaso (traducción: mercado abierto para las compañía$ tran$nacionales americana$), y el otro muy abundante (traducción: más mercado para las compañías transnacionales que tengan control de la zona en términos de economía global y geopolítica).

En fin, por un minuto titubeé sobre si me debía ir a Arabia Saudita, Dubai, o Qatar, y de ahí coger un avión a Bagdad, aunque fuera para ver el sitio histórico donde un día estuvieron los Jardines Colgantes de Babilonia, y alguna otra parada importante en esa antiquísima metrópolis.  Eso completaría mis sueño de conocer las 7 maravillas originales del Mundo Antiguo.  O si debía irme a mi aire a mi propia aventura de Sicilia.  Y bueno, pocas veces en mi vida he tomado decisiones tan claras en momentos de tan disímiles opciones. Bagdad se quedará entonces para otra película. Y por ahora Sicilia será esa otra maravilla.

Finalmente, al no haber vuelos de FCO Roma Fiumicino hacia Palermo, Sicilia, por tres días o más, entonces “me metí” una clase de tren lechero de Roma – Napoli – Villa San Giovanni (el tren cruza el estrecho dentro de un ferry, y yo veía aquello asombrado e iinspirado, como un chamaquito) – Messina – Palermo – Gela – Ragusa, pero una clase de tren, consorte, pero violento de verdad, aquello estaba en candela. Gente por doquier, el piso todo abarrotado de pasajeros durmiendo ahí acostados en el mismísimo pasillo del tren, sí, señor, como lo oye, bueno, yo era uno de ellos, vamos, una sesión de susto anunciado de 20 horas que espantaba, aquello parecía una guagua o un “camello” majadero por el Coppelia en los peores tiempos de La Habana. Cuando el ambiente de tu tren se empieza a parecer a las guaguas de La Habana, oye, socio, no preguntes más, eso es que ya estás casi llegando a Sicilia.

Pero claro, Sicilia y sus encantos esperaban pacientes en la noche clara y fresca, flotando allí tranquilita en medio del Mediterráneo. Así que había que lidiar con las incomodidades y los obstáculos. Ma che bella isola! ¿Cómo me iba a oponer a sus encantos, después de haberlos soñado tanto?

Yo vengo de una isla, y sé que voy siempre navegando hacia otra. En la estela de mis pasos por el mar y las montañas, por las ciudades y su gente, vas dejando amigos que te ofrecen su mano, su casa, o su corazón; vas dejando añoranzas cumplidas, ahora ya convertidas en dulces suspiros, algunos acaso picarescos; al final vas dejando un océano de memorias de tiempos felices cuyas letras mágicas un día guardarás con cuidado en un volumen lleno de historia y de amor. Ese día está hoy más cerca. Y mi pluma, centinela amable de la lujuria, sentada al timón allí a la sombra de la vela, siempre presta a la aventura, sonríe esperanzada a la salida del nuevo Sol.

Esa es la historia del camino a Bagdad, en un par de párrafos.  Querido amigo, el día que regrese por allá por DC les haré la visita con unos vinitos de la tierra de Dante, que es la mejor justificación para contar historias de la bella Sicilia que me cautivó, y claro, de la misteriosa Bagdad que todavía sueño.

La foto de arriba es en la Plaza de Armas Carlos Manuel de Céspedes, frente al Templete, los Capitanes Generales, y el Castillo de la Fuerza, que cuento entre mis sitios favoritos de nuestra querida Habana Vieja. La doncella es un alma especial.

Bueno, no más por hoy, brother. Saludos para M, los muchachos, Kinuli, y toda la familia.

Un abrazote, ya nos hablamos pronto,

Ricardo Trelles ”

RT 2010

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About Ricardo Trelles

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