El Baile del Casino

La Historia del Casino se remonta a los años 50, en La Habana, Cuba.  Los cubanos bailamos música cubana, no salsa, ni ninguna otra cosa, no, nada de eso, nosotros bailamos música cubana.  Esto es un palabrota grande, en el buen sentido de la palabra.  Dos palabrotas grandotas:  MUSICA CUBANA.

Debido a la influencia tan arraigada de la música africana, y a la ancha zona territorial de donde extrajeron a los millones de hombres, mujeres, y niños arrancados por los colonizadores españoles del oeste de Africa, y que luego se convirtieron en esclavos en el siglo XVI en su largo trayecto sin regreso al nuevo continente, los ritmos que nacieron o re-nacieron en la isla mayor de las Antillas, fueron variados y abundantes.

Toda esta mezcla llegó a diversificarse de una forma tal, que hoy día, es la música cubana uno de los grupos musicales nacionales con más variedad de ritmos y sabores en el continente americano, y de hecho, en el mundo entero.  Por alguna razón, cuando se trata de música latina, específicamente de música cubana, o lo que muchos llaman, la música salsa, a los músicos los distingue especialmente, tener en su resumé el haber tocado en Cuba, o cantado en Cuba, o estudiado música en Cuba, o haber tocado con un conjunto de son cubano, o de charanga cubana, o con una banda cubana, ya sea en Cuba o fuera de la isla, Miami, Nueva York, Puerto Rico, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Nicaragua, Costa Rica, Islas Canarias, o al menos, coño, haberse pasado unas vacacioncitas en Cuba jodiendo la pita, tomando ron, y bailando rueda de casino en Marianao, o en Santos Suárez, o en Cienfuegos, vamos, en cualquier rincón de la isla.  No, y de los carnavales ni te cuento.

A ver, coge la clave ahí, vamos a tirar un pasillo, vaya, una probaíta.  Celia Cruz y “Que Le Den Candela.”  Ay, Dios, y esta cubanita bailando casino en tacones, ay, mi maye…

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¿Te gustó el baile del casino?  Tremendo casino que mete la parejita ésa, ¡ñóoo, candela!  Díme, habla, haaaabla… Tranquilo, tranquilo, coge aire, sécate la baba, no pasa nada.  Te veo ahí con la boca abierta.  Despierta, asere, wake up!  Bueno, mira, ya esto es una opinión personal, pero fíjate, cuando tú ves a una cubanita así bailar casino, es que, vaya, no sé, se derrite uno ahí mirándola dar vueltas, así mismo, se le sale la babita… ¡a que sí!  No, espérate, y al Dios lo del Dios, y al César lo del César: vamos a ser justos, el chamaco también mete tremendo casino.  No te pierdas, que el bárbaro se lució.    

La cosa es que después de la II Guerra Mundial, con el pujante desarrollo económico en los años de florecimiento económico de postguerra, en los EE.UU., y por carambola, luego en muchos países aledaños donde aumentaron los intereses económicos de las compañías norteamericanas, incluída Cuba, y en este caso, la hermosa ciudad de La Habana, pues allá en las playas del oeste de la ciudad, se construyeron una veintena de exclusivos clubes y casinos, que ofrecían juegos de casino y juegos de apuestas, carreras de caballos, canchas de tennis, y de squash, acceso a la playa, o sea, a nadar en el mar, piscinas y fuentes, parques de diversión a sus socios, terrenos de esparcimiento, campos de golf, merenderos al lado del mar, etc., y sobretodo, la distintiva membresía a una clientela selecta de aristócratas de la época.  

A todo esto le llamaban los “Casinos” de la Playa.  Hoy día estos casinos y clubes, después que la Revolución los nacionalizara, y los renombrara con nombres de mártires de la propia Revolución, pues se les llama Círculos Sociales Obreros.  Están todos hechos leña, destartalados, muy mal atendidos, la verdad, pero ahí siguen con sus hermosas fachadas señoriales, sus construcciones monumentales, y sus adornados jardines y fuentes, muchos todavía en sus diseños originales.    

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Con el pasar de los años, la gente seguía disfrutando de los bailes, y de la música.  Además, a uno se le van los pies con esta musiquita, señoras y señores, y de repente empieza uno a tararear y mover el fotingo, claro, chico, si es que no somos de piedra.  Vaya, que todo el mundo muere ahí bailando con esos ritmos tan pegajosos.  De modo que en aquella época, pues hasta los más ricos movían también el esqueleto, y lo hacían en estos clubes y casinos tan exclusivos.  Chico, ¿no me digas que tú nunca has oído aquello de la Orquesta Aragón de que “…hasta la ♪ Reina Isabel ♫ baila el ♪ danzón, porque ♫ es un ritmo ♪ muy dulce ♫ y sabrosón…“?  Bueno, pues la clientela crecía, y entonces comenzó a incluir a más gentes de pueblo, artistas, bailadores (el cubano es muy fiestero y bailador), y rumberos de cabarets, o sea, rumberos de altura, que formaban la misma pachanga de fiestas de patios y solares, y de jardines de cervecerías, pero en este caso, en un sitio de alcurnia.       

Todo parece indicar, que en uno de estos casinos–atención, de aquí viene la palabra que da nombre al baile–un día, en un concurrido evento, un mano o mano el todo por el todo, como se dice, entre (la Orquesta de) Roberto Faz y su Conjunto y la legendaria Orquesta Aragón (dos de las orquestas más prominentes del cancionero bailable cubano), tocando frente a frente, primero una canción de una, y luego una canción de la otra, pues el elegante y divertido festín de bailoteo y danza que se formó fue tan grande y fabuloso, que quedó como un hecho histórico prácticamente el inicio de los mano a mano de baile de casino.  El alegre baile y toda la amplia gama de pasos y movimientos quedó entonces marcado ya con el cuño oficial del pueblo, como el baile del casino.   

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Entonces, desde ese momento en los clubes y casinos de La Habana, y hasta nuestros días, se le llama al baile del son cubano, el baile del casino.  La historia de lo que se llama “salsa,” que también se refiere a un ritmo que se originó en la música cubana, que luego se extendió en otras modalidades por toda la cuenca del Caribe, Nueva York, y claro, la Florida, a donde llegaron casi 2 millones de cubanos desde 1959, cuando llegó al poder el gobierno militar de Fidel Castro, y miles de familias cubanas emigraron al norte, escapando de lo que sería luego un férreo sistema de Socialismo de más de medio siglo.   Si quiere leer más, aquí se explica en detalle la historia de la salsa.        

Bueno, y ahora me voy a callar la boca, porque cuando se trata de buena música cubana, (‘pérate, eso me sonó a redundancia, la música cubana es buena toda), y del archifamoso y divertido baile del casino, oye, hay que ver con qué gracia se mueven esas cubanas, chico (y cubanos, sí, sí, aquí hay pa to’ el mundo), y lo agradecidos que quedan el oído y el alma al servirles tan buen platillo de ritmo y sabor, y tan buen jolgorio y gozadera bailando la música más alegre del mundo.

Claro, tristemente, nuestra Cuba está hoy tan jodida y tan depauperada que hasta los carnavales los han cancelado.  Pero ya cuando se vayan Fidel, Raúl, y el Socialismo, tú verás cómo regresa nuestra música cubana en los carnavales.

En fin, en mi islita hay de todo, pero si se trata de ritmos musicales, méte mano que allí hay hasta pa hacer dulce:  mambo, son, guaracha, bolero, rumba, cha cha chá, zapateo, danzón, danzonete, guaguancó, hasta el baile del botecito, vaya, yo creo que se inventó en Cuba (afloja, bárbaro, dále suave).  Oye, oye, ¿y el casino, qué?  No, no, no, por favor, no se les ocurra dejar fuera al casino, caballeros, ¡el Baile del Casino!  ¡Coñó, los Fenicios!  Dále, métele, que se formó la Rueda de Casino.

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Bueno, arriba todo el mundo, ahora sí, señoras y señores, vamo’ a allá, ¡a bailar casino!  Ahora sí que nos vamos:  “♪ Agua ♫ pa aquí… ♪ agua ♫ pa allá… ♪ agua ♫ pa Mayeya…”  Oye, pero dále, ¿qué tú haces sentado?  ¿Qué están esperando ustedes?  No, no, dále, a tirar un pasillo todo el mundo, arriba, todo el mundo juntos… “Bendito, ¿qué es lo que tú necesitas?  ¡Agua Bendita!”     En el medio de la calle, en mi natal Habana querida…  “Pregunto ¿qué necesitas?  ¡¡¡AGUA BENDITA!!!

Agua Bendita… para la señora y pa la señorita… para las flaquitas y para las gorditas…”  Esto es “Agua Pa Yemayá,” de Elio Revé y su Charangón.  Vamo’ a allá, vamo’ a allá, to’ el mundo, en coro: “A remar, a remar, a remar, a remar…”   Esto es mi tierra, señoras y señores, ¡no hay más ná!  A bailar casino todo el mundo.  ¡Viva Cuba Libre!     

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Ricardo Trelles

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