Déjame contemplarte una vez más en mis sueños. Hace tanto frío afuera que pensando en ti, al final es tu cálida sonrisa quien me cobija.
Abrazo a mi almohada como si fueras tú, y le digo todas esas cosas que no puedo susurrarte aquí. Ya mi almohada piensa que me estoy volviendo un poco loco. ¿Qué piensas tú?
Si supieras, de verdad soy un poco loco, pero éstas son buenas locuras, no te asustes, son locuras maravillosas que me han llevado a ser un hombre muy feliz.
Creo que después de todo, soy un tipo afortunado por todas las cosas lindas que he conseguido y todas las bendiciones que he recibido en esta vida. Y también, sí, a veces la gente se espanta de cómo pude sobreponerme a todos los peligros y adversidades que me han tocado en este mundo.
Claro, siempre pienso que es mejor ser positivo que pesimista, y yo sé que la felicidad no es un artículo que venden en el supermercado, ya envasado en un estuche de celofán. ¡Qué va! Hay que labrársela cada día, con paciencia, ahínco, buena voluntad, dedicación. Como reza el dicho, ¡con Fe, con Esperanza, con Caridad, y con Amor!
¿Por dónde andarás, chica? Le he preguntado a los imponentes volcanes, a los caudalosos ríos, y hasta a los majestuosos molinos. Oh, ancho horizonte, amigo querido, por favor, díme si desde allá lejos tú la ves.
Te buscaré allende los mares. Despertaré a las estrellas, y a las mariposas, y a los girasoles. Yo sé que tú sabes que yo sé que tu sonrisa habita en el dulce universo amarillo de los girasoles.
Cruzaré los océanos, y los cielos, aunque me tome un siglo, allí donde el Rey Sol brilla, en el dulce manantial de tu sonrisa, hasta allí llegaré, para beber la miel de tus labios.
No te asustes, que no muerdo. O quizás sí, mientras te devuelvo el gesto de amor.

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Casas e iglesias en Oia, frente a La Cantera, isla de Fira, o Santorini, Grecia. Foto de Ricardo Trelles.
Hoy es un día especial, y quiero celebrarlo contigo. Pero tienes que prometerme que vas a cerrar los ojos por un minuto, si no, no sale bien este ejercicio de la imaginación. Eso, cierra los ojos. Vas a imaginar exactamente lo que un día pudiera suceder.
Voy a buscar un avión grande, no sé, un cohete, y volar a tu encuentro. ¿No te dije que era un poco loco? Tú verás, voy a montarme en un Concorde, shhhhhhhh, y volar a través de los cielos. Ahora abre tus suaves manos, pónlas juntitas, así, lado a lado, ¿ya ves? Si tienes los ojos cerrados, entonces verás que en este mismo instante, en este preciso momento en que estás leyendo esto, puedo aterrizar en tus manos, ¿sí o no?
“Uhm, ¿qué querrá decir él con eso?” Pensamientos cálidos, sólo eso. ¿Ya ves que no estoy tan loco?
También yo cierro mis ojos, y entonces puedo oler el perfume de las flores en tu piel. ¿Lo ves? Una rosa en tu regazo, y un escuadrón de mariposas, que ahora vuelan alegres.
No lo sabes bien todavía, pero me dominas con ese tibio dulzor…
♥♥
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Ricardo Trelles
Una bella tarde de noviembre
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