Travel stories and fun adventures from around the world, by a happy Cuban American teacher turned furniture and mattress sales advisor in Tampa Florida
A mi llegada a Córdoba, venía manejando desde Sevilla, y a veces manejar con un GPS es una jodedera, porque se retardan las intrucciones del dispositivo, y luego coges a la derecha cuando debías seguir recto. En fin, una cosa que no falla es un mapa, verlo bien, antes o durante la manejada, y si eres cubano, estarás acostumbrado a buscar las calles en Cuba, sin GPS, sin mapas, sin carteles en las calles, sin señalizaciones, y bueno, este día me pasé la salida correcta, y terminé del otro lado del Río Guadalquivir.
Joder, pero Dios sabe por qué a veces uno debe cometer estos pequeños errores. Si no me hubiera “perdido” al llegar, no hubiera podido ver la Catredral-Mezquita de Córdoba desde esta perspectiva, o sea, desde la ribera sur del Río Guadalquivir. ¿Que si valió la pena perderse un poco? Una y mil veces, ¡Sí! Te lo garantizo.
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Vista de la Gran Mezquita-Catedral de Córdoba desde la ribera sur del Río Guadalquivir
Una vez que llegué al centro histórico de Córdoba, busqué un parqueo para dejar el carro. Oye, los parqueos en estas ciudades históricas no son nada fáciles, ni baratos. Ya me había pasado en Santiago de Compostela, y en Sevilla. Bueno, nada, parquea aquí, Riqui, y vamos a darle pata a esta maravilla de ciudad antigua.
Plaza Museo de Historia, Córdoba
Si a uno le gusta la Historia, y quiere vivirla como espectador, sentadito ahí mismo en la fila de alante, o mejor todavía, descubrirla en los sitios en que ocurrieron los hechos, lo mejor es sacarse un billete de avión e irse a España ahora mismo, o cuanod se pueda, digo. Por cierto, esos dolaritos les vendrían muy bien a la economía españoa, que no está en buena forma acutalmente. En todo caso, nada se compara a llegar a una ciudad antigua y CAMINARLA, andarla, saborearla, vivirla, ahí, de primera mano. Lo que te puedan contar simpre es lindo. Las fotos de los amigos en Facebook de cuando fueron a Egipto, o a Canadá, o a la Torre Eiffel, todo eso es lindo, pero nada se compara con la experiencia propia de uno subiendo esos escalones de hierro frío en París. O en Andalucía, vamos, España es uno de los países más hermosos que se pueda visitar en esta vida.
Aquí ando, dentro de la Catedral, caminando boquiabierto ante tanta belleza, descubriendo los caminos y los misterios de la Gran Mezquita de Córdoba. Hay que oir el silencio en este majestuoso templo. Dios realmente es Grande. Esto que véis aquí es un verdadero bosque de columnas y arcos de arabescos, que antecede al Mihrab. El Mihrab es un rincón sagrado dentro de la mezquita, que está orientado hacia La Meca (Arabia Saudita), que como ya se sabe, es el sitio más venerado en toda la cultura musulmana.
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Dentro de la Catedral-Gran Mezquita de Córdoba, admirando el bosque de columnas y arcos de arabescos. ¿Tú te aecuerdas cuando éramos niños, los cuentos lejanos y fantásticos aquellos de “Las Mil Y Una Noches”? Bueno, pues, eso, aquí estoy, completamente transportado a esos otros mundos.
Cuando era niño había visto muchas fotos de esta mezquita en panfletos publicitarios y revistas de aviones, sobretodo las de Iberia o Lufthansa, porque siempre le pedía a mi padre que me trajera esas revistas, ¡me encantaban! Y eran una ventana al mundo. Pues mil veces había visto la Puerta de Alcalá en Madrid, la Catedral de Santiago de Compostela, la Sagrada Familia en Barcelona, la Giralda de Sevilla, y muchas otras atracciones turísticas y lugares importantes de la historia de España, pero pocas eran tan deseadas, si se quiere, en mi mente, como La Alhambra de Granada, y La Gran Mezquita de Córdoba.
Ahora de adulto, cuando veo estas fotografías y recuerdo mis periplos por todas estas maravillas de la Cultura y la Historia Española, me impresiono de lo afortunado que he sido en esta Vida, y doy Gracias Siempre al TodoPoderoso y a mis esfuerzos personales también, claro, por haber podido llegar tan lejos y conocerlas. Y siempre digo que el momento de ser feliz es HOY, AHORA. Y después, bueno, que te quiten lo bailao.
Méte un plasticazo con la tarjeta, y dále, muchacho, dále ahora, corre…
La belleza de los arcos, techos, salones, y ornamentos religiosos musulmanes dentro de la Gran Mezquita es algo verdaderamente impresionante.
Este fue un día maravilloso descubriendo un pasado de gloria, de la mano de la Historia, bueno, de la mano de alguien especial. Gran Mezquita de Córdoba, en la ciudad vieja de Córdoba, Andalucía.
Un detalle interesante de mi visita a Córdoba fue descubrir lo que me amiga me había contado desde Cuba, hacía 25 años, que era el asunto de la convivencia pacífica, entre gentes de disímiles religiones, literalemnte, el entendimiento y convivencia entre cristianos, judíos, y musulmanes. Y claro, el sur de España fue un día territorio de los emiratos de Occidente, y por ende, la influencia morisca en las casas, las calles, las plazas, las ciudades, la comida, la música, la ropa, las costumbres, el comercio, etc., es impresionante. De eso no hay duda.
La Judería era un barrio de comerciantes judíos, donde compartían espacio tradiciones de las tres culturas: musulmanes, judíos, y cristianos, dentro de las muralles de la Ciudad Vieja.
Claro, con tanto ajetreo en una ciudad con tal diversidad religiosa, uno pensaría que sería la réplica del des-entendimiento, del no entendimiento entre musulmanes y judíos, que circunda cada difícil situación geopolítica y territorial del Levante y el Medio Oriente, específicamente, la nación de Palestina al lado de la nación de Israel, como dos naciones, dos estados independientes. Difícil situación, sí, y que aún permanece no resuelta del todo.
Pues no, en Córdoba, hay un barrio viejo de la ciudad, hay una Judería, en la que los comerciantes judíos conviven con los musulmanes, y los cristianos (mayoría). Y cada uno circula por la ciudad con sus atuendos típicos, y afortunadamente, con respeto para las otras partes, creo que con inmenso, y merecido respeto a su propia cultura andaluza, y a la (necesaria) tradición de cuidar la Paz.
La ciudad de Córdoba, como casi todas las ciudades españolas, francesas, italianas, inglesas, y de muchos países del Viejo Continente y del mundo, tiene su parte vieja cercada por una muralla, en este caso, una muralla esbelta y bien fortificada, por las constantes guerras entre los antiguos reinos y principados de la actual Península Ibérica. Es obvio que cada rey o reinado quisiera proteger sus conquistas, de las manos de usurpadores, invasores, piratas, agresores, y amenazas externas.
Para mí, como niño cubano, ahora grande y tarajallúo, ver estas murallas aquí delante de mí, es como transportarme a mi niñez, sentado a las 7 pm frente al televisor para ver las aventuras de Ali Baba y los 40 Ladrones, o de Enrique de Lagardere, o de los Tres Mosqueteros, o de Ahmed el Valiente, o las de cualquier otra saga o historia de aventuras juveniles, y casi casi ver allá arriba en la muralla a dos espadachines batidos por entrar al castillo, y rescatar a la princesa, y salvar a los buenos que estaban prisioneros adentro de la muralla… ¿Ya se te olvidó la felicidad de cuando éramos niños?
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Hermosa vista de la muralla que resguarda la Ciudad Vieja de Córdoba, en Andalucía. Los arquitectos árabes se esmeraban en el uso de fuentes, arbustos, y canales, para sus jardines reales.
Esta bellísima imagen de la Vieja Muralla de Córdoba la tomé llegando a la ciudad. Venía manejando desde Sevilla, y después de haberle dado una vuelta grande a España, desde Barcelona, y luego manejando por Asturias, hasta Galicia, atravesando Portugal, hasta Andalucía, a veces uno piensa que ya ha visto tantas, pero tantas cosas lindas, que ya es prácticamente imposible superar la belleza que has visto. Y de pronto, una mañana de otoño caminas por estas ciudadelas antiquísimas, y te encuentras con un panorama hermoso y de ensueño. Y bueno, ésa es la vida, trabajar duro para levantar a la familia y a uno mismo, y gastarse unos centavitos haciendo lo que verdaderamente te gusta: viajar, conocer, disfrutar, escribir, enseñar, VIVIR.
¡Qué viaje tan hermoso éste por España! ¡Qué lugar tan bello, de recuerdos y de historia esta maravillosa ciudad vieja de Córdoba y su inigualable Gran Mezquita y Catedral!
Lejos de casa Amanece en tu jardin La escarcha de la noche me castiga Mas nada me detiene Vengo buscando algo grande
El frío no me detiene porque aún creo en el Amor Y hasta aquí iba a llegar, por ti O hasta aquí ibas tú a llegar, por mí Acaso por los dos Hasta tu bello jardín nos traería el destino
Recoger las hojas de otoño de tu jardín Para escribir los versos de amor de un mañana feliz Es lo más lindo que le podía pasar A estas pobres manos de poeta
Manos que te sueñan día y noche Labios que te buscan noche y día Y un corazón esperanzado que te abraza Con una inmensa sonrisa, y amor y lujuria
Hoy de nuevo, Suspiro, Sueño, Canto, Vivo. Y cada mañana, cuando sale el Sol, ¡Tú estás aquí!
El desierto es frío, y la noche larga Acompáñame en este viaje Puede que sea el mejor viaje de todos Dáme tu mano ¡Caminemos juntos!
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Ricardo Trelles Noviembre 2013
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OUR AUTUMN LEAVES
Far from home The Sun rises in your garden Snowflakes fall cold on me But nothing stops me For I come seeking a great prize
Picking up the autumn leaves from your garden To write the verses of love of a happy tomorrow Is the most beautiful thing that could happen To these humble poet’s hands.
Today, once again I Sigh, I Dream, I Sing, I Live. And every morning, when the Sun rises, You are here!
The desert is cold, the night is long Come with me in this trip It may actually be the best voyage of all Give me your hand Let us walk together!
Querida Habana Mía
Dulce Gitana de Música Alegre y Gracia en Tus Caderas
Con Tu Giraldilla y Tu Embrujo de Rumba, Sol, y Miel
Me Besas y Te Vas
Flamante Guerrera Escorpiona de Esbelta Bandera Blanca, Azul, y Roja
Doncella Magnífica de Mi Juventud, Mis Hilos, y Mis Pecados
Ángel de Mi Suerte que Flotas Invencible
entre los Mares y Mis Sueños
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Tú, Escultora de Mi Felicidad,
Yo, Hijo Fiel, Penitente, Atento, Agradecido
Joven Siempre, y Siempre Sabia,
Bailaora Dócil, Divertida, ¡Divina!
Nunca Tan Lejos, Dueña de Mi Corazón
Hoy Te Canto Mi Amor Eterno
Celebro Tus Rizos, Tu Magia, Tu Risa, y Tus Halajas
Así como Lloro Triste Tus Penas y Tus Nostalgias
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Disfrutando mi querida y bella ciudad natal, San Cristóbal de La Habana. Detrás, a la derecha, la Giraldilla de La Habana corona el Torreón del Castillo de la Fuerza. Al fondo, el peñón sobre el que se yergue el esbelto Castillo de los Tres Reyes Magos del Morro, en la entrada a la Bahía de La Habana.
Mil Loas en Tu Día, San Cristóbal de La Habana
Querida Ciudad Querida
Mi Bellísima Habana
Mi Querida Habana Mía
Cuando era niño, en Cuba, en los 60’s, no habían muchas cosas, y con cada día o cada mes que pasaba, igual iban desapareciendo de la bodega y de la libreta (cartilla de racionamiento), más y más productos. Ya para la década de los 70’s teníamos menos juguetes, y menos acceso a una gran variedad de suministros materiales.
Pero éramos felices. Y éramos tan felices porque gozábamos de algo especial: entre otras tantas cosas lindas, gozábamos de un mundo de música y fantasía que dudo, sin falsos chovinismos, cualquier otro niño en este mundo hubiera gozado tanto como un niño cubano, bueno, hablo por mí. Entre aquellas maravillas del mundo de nuestra niñez estaba la música de Teresita Fernández. ¿Te acuerdas de “Mi Gatico Vinagrito”?
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Las enciclopedias la describen como trovadora, narradora, cantautora, y pedagoga. A los que un día fuimos niños y hoy somos adultos intelectualmente formados y personas felices, algunos incluso, educadores, como ella, pues no se nos ocurriría llamarla como lo que fue, una Gran Maestra de su arte. Y su arte era simple: cantar historias que educaran a los niños, y que los instruyeran y los divirtieran de una forma sabia y entretenida.
Entre sus más importantes canciones infantiles estaban aquellas que hablaban de animales, del bosque, de la selva, de la lluvia, del Sol, de las estrellas, de los mares y las ballenas. Díme que niño en este mundo no se sentaría a escuchar tranquilito, casi sedadito, con el misterio de los sonidos de su guitarra, la magnificencia de su poesía infantil. Y claro, de niños no hablábamos con estas palabras, pero sabíamos intrínsecamente que su música y sus letras eran simplemente magníficas.
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No olvido nunca “La Peña de Teresita” que fue un espacio público para la enseñanza de la poesía y el cuento, la narración y la dramaturgia, para la lectura, y comunicación, a la que al comienzo, solamente asistían cuentistas y escritores principiantes, pero luego se fueron sumando artistas de todas las ramas y todos los géneros, incluso muchos trovadores jóvenes. Se hacía en un grotto pintoresco y reservado, en el Parque Lenin, al otro lado de la carretera que nos sacaba de la beca. Era un lugar que conocía bien por las escapadas de la Escuela Lenin, que no fueron pocas, muchas a pie, y claro, conocer las rutas de escape para coger la guagua 73 en nuestras aventuras juveniles, era de suprema importancia, porque en el Restaurante “Las Ruinas” muchas veces había una posta o algún chivatón de guardia, que te podía echar pa’ alante con la escuela, y claro, te metías en un lío tremendo.
Hasta eso recordaba, porque aunque fuera un chiquillo rebelde, siempre me gustó la música y la poesía, y esta mujer era una trovadora cuya música se te metía en la mente aunque no lo quisieras, por lo simple de sus letras, y lo pegajoso de sus melodías. Bueno, también las ponían constantemente, en la televisión, en la radio menos, pero sí lo ponían en los programas infantiles en todas las escuelas. Y las tres o cuatro veces que fui a su peña (porque era lejos del centro de La Habana, y lejos de Playa o del Vedado, donde giraba más mi mundo), pues sí que lo disfruté.
Me encantaba el aire de poesía, de mundo bohemio, de pelos largos, de lectura y escritura. Creo que me sentía un poco más libre perdido felizmente entre las páginas de un libro o volando entre las notas de una canción, que asediado por la quasi militar disciplina en las becas que me tocó vivir en esta vida.
Hoy te nos vas, Teresita Fernández, porque así es la Vida que amamos, y que supiste disfrutar. Que nadie olvide que un cacho grande de nuestra felicidad de niños y de nuestra formación, te la debemos a ti, a tu música, a tu poesía. Ve en Paz. Gracias Siempre por tu música, y en nombre de varias generaciones de niños (y adultos) cubanos que disfrutamos inmensamente tus canciones infantiles, tus poemas, tu peña, y que aprendimos un mundo con ellos, y en el mío propio, por contribuir a mi niñez tan feliz, ¡GRACIAS SIEMPRE, TERESITA FERNANDEZ, GRACIAS SIEMPRE!
Esto es un joyita, señoras y señores, simplemente, ¡UNA JOYA! Punto y aparte.
Bueno, no, déjenme explicarles. Cuando uno oye música cubana, está claro ya que a todo el mundo se le va el piececito y empieza a seguir el ritmo con las manos, y a tararear, y a dar pisaditas en seco, así con el zapato, siguiendo el ritmo pegajoso de la canción. Pero ésta no es una canción cualquiera. O mejor dicho, la canción en sí es muy buena, y muy pegajosa, pero el video en particular es especialmente pegajoso, porque esa niña, que ya no es una niña, ya es una mujer, y su embrujo de gitana bailaora, te endroga con su belleza y su gracia, y claro, no te paras del asiento hasta que no termina la canción.
Hablo del video “Bailando” de Descemer Bueno (con) featuring GDZ, que pueden disfrutar en el sitio web Vimeo.com, con su resolución de alta definición (HD), “Bailando” Descemer Bueno con Gente de Zona. O en YouTube, aquí abajo:
Especialmente agraciado quedó el momento íntimo de las dos caritas al final del video, con ese “choquecito” espontáneo de naricitas, y ella tan dulce, uy… ya. Déjalo así, mi socio, ya, corten, dice el director que paren, que eso quedó perfecto. Yo digo que si algo faltaba en el video, para darle el toque justo de sensualidad que este video necesitaba, esa carita de mujer, ya no de niña, pues ese “choquecito” de naricitas le puso el punto final, la gotica final que llenó la copa, en el buen sentido de la palabra, una gotica de miel que llenó la copa del balance perfecto entre lo sensual y lo divino.
En otra lectura, menos formal, yo creo que también te revuelca por el suelo, así, ¡fuá, dále pal piso! ¡noquea’o! No digo yo, con tanta belleza, chico, ya esto es un abuso ya, compadre. Y es ahí entonces cuando el pobre televidente comienza a imaginarse cosas…. (ay, Dios, esto se va a poner bueno), en fin, eso es otra lectura, para los varones de la manada.
Pero claro, compadre, ¿qué se puede esperar de un video con una letra así?
“… bailando-ooooo, bailando-ooooo, tu cuerpo y el mío llegando al vacío, subiendo y bajando, bailando-ooooo, bailando-ooooo, ese fuego por dentro me va enloqueciendo, me va saturando…
(…)
Yo quiero estar contigo, vivir contigo, bailar contigo, tener contigo una noche loca, ay, besar tu boca…Yo quiero estar contigo, vivir contigo, bailar contigo, tener contigo una noche loca, con tremenda nota…”
¿Te das cuenta? Bastante bien quedó el producto final con toda la tentación (a lo Romeo y Julieta con final feliz, siglo XXI en el calor de La Habana), que tienen que haber sentido los directores y productores del video. Con sinceridad y justeza, Kudos for the Director! ¡Aplausos para ese director!
¿Qué no se imagina uno en un video de jóvenes (cuerpos jóvenes y almas jóvenes), bailando así, suave y duro a la vez, a la antigua y al paso moderno? El resultado final es un video divino que exuda juventud, imaginación, placer, alegría, y vida. Claro que se explota un poco la sensualidad, acaso virginal, de estas relaciones de insipiente amor juvenil, y de atracción física que comienza en la adolescencia. Y en este caso, una atracción sana y hermosa entre dos jóvenes bailarines de una academia, o de dos escuelas de danza separadas.
Bueno, un aparte para celebrar la genial idea de la “confrontación” de lo nuevo y lo viejo, de lo tradicional y lo moderno, de lo formal español y lo callejero cubano, de los elegantes vestidos y peinetas y peinados andaluces de La Habana colonial, por un lado, y por el otro, la indumentaria informal de trapos, recortes, y harapos callejeros de La Habana moderna. ¡Qué bonito el enjambre de bailaoras jovenciticas, bailando por sevillanas ahí en la esquina de la calle, con sus moños y lacitos, y un mar alegre de faldas y abanicos amarillos!
Y ni te cuento de esos tentadores vestidos rojos, uy, ¡qué problema! Yo creo que eso fue intencional, ¿sabes? Sí, como para desbocar a los toros… No, espérate, ya pa’ desquiciar a los jovencitos que hasta ese momento no se hayan quedado bobitos ahí, babeándose ante tal belleza, con la escena del baile de sevillanas en el pasillo de la casona, frente a los ventanales, junto al espejo, no, ya, ahí sí que ya eso es pa’ romperle el coco al televidente, pero completo, ya, desquiciado, y bueno, eso prácticamente es mandarlo de cabeza para el psicólogo. Muy bonita la bailaora en esa escena, y muy bien logrado el hechizo del amor a lo Romeo y Julieta, solitos los amantes, lejos del mundo, y el pobre Romeo, sufriendo ahí bobito con el pelo y la sonrisa y el baile y el encanto de Julieta. Ya tú sabes… ¡Candela con el sindicato!
Hay momentos muy lindos, si se ve con mente sana–cosa difícil en los videos del siglo XXI, donde la chabacanería y la vulgaridad simplemente reinan. Este no es el caso, para nada. “Bailando” es un video maravilloso donde la belleza, la gracia, y la imaginación juveniles de sus personajes desbordan la copa, en el buen sentido de la palabra, y reinan con brillo en la engalanada fiesta, de principio a fin. Y lo demás es buen baile, buena música, y buena energía… de amor juvenil.
Sería yo injusto si no mencionara la absoluta magnificencia de tantas caras jóvenes y alegres, que en conjunto ayudan a que la historia de los jóvenes amantes fluya con naturalidad y constante frescura, tanto las de las muchachas, bellísimas, como las de los muchachos, muy a tono en sus bailes y malabares de danza con la esencia de la trama. Me encantó ver a todos estos jóvenes, los cubanos de nuestra juventud de hoy, sobre todo la escena de las muchachas que se “enfrentan” bando contra bando, al comienzo, al estilo de un West Side Story andaluz, pero con un sabroso ritmo cubano, un reggaetoncito cubano a son de guitarra española y palmadas, y con sabor a “nota” de cerveza y tequila, en las calles de nuestra querida Habana.
Hay obviamente un montón de similitudes con la vida real de la Cuba de hoy. Y claro, eso somos: la hermosa arquitectura colonial de La Habana Vieja, con sus centenarias columnas medio derruidas, pero ahí presentes, paraditas, hermosas, y alegres al paso de los ciclones y de los rumbones; eso somos: la reliquia de un mundo de encanto, hoy ya ido de muchos países, pero que vive en nuestra música y nuestra gente, el encanto, la gracia, la magia de lo imperecedero. Chequéate el minuto 0:37″ – 0:40″, ¿tú viste bien esos ojos gitanos de esta linda cubana? Díme que no es pura magia, díme, así mismo: ¡Pura Magia!
Si usted lee con detenimiento los créditos del video, justo al comienzo, verá que los muchachos del video, tanto las bailarinas españolas y sus bailarines españoles acompañantes, así como los bailadores callejeros, con un toque moderno, retro, y hasta de break-dance, son todos estudiantes de La Compañía de Ballet Juvenil y del ya afamado y exitoso grupo Ballet Lizt Alfonso.
Y sin ser demasiado chovinistas en defensa de la extrema belleza de la mujer cubana, aunque la letra de la canción está buenísima, fresca, actual, movida, y la musiquita está muy linda y todo eso, oye, que nadie se engañe, compañeras y compañeros, seamos sinceros, lo mejor del video es Ana Karla Suárez Lima, la bailarina española que llena de gracia andaluza, y de frescura juvenil, y de encanto femenino todas las esquinas de este divertido cortometraje.
Coincidentemente, Ana Karla es la hija de una amiga querida, de la Escuela Lenin y de la Facultad de Lenguas Extranjeras (Universidad de La Habana). Esta bellísima bailaora sacó los ojos y las cejas de su madre, Dania, que tiene una carita igual de bella y unos ojazos y una sonrisa que te envuelven, así de rápido, ¡pum!, noqueado en la lona. Lo mismo que su tía Olivia, compañera mía de la Escuela Lenin, de quien sacó un poco también esa sonrisa dulce y alegre. Y la hija de Olivia igual, ¿eh? Otro “bombón” cubano, muy lindas estas muchachas. Oh, sí, sí, son un montón de mujeres lindas en esa familia.
Y lo digo con todo respeto, sin ofender a Dania, Olivia, o ninguna de mis amigas, que como yo, tenemos hijas hembras, que ya son mujeres. Vamos, no hay que confundir nunca el justo aplauso y las loas merecidas a la belleza feminina, con la vulgaridad innecesaria y la burda indecencia que inundan hoy día los medios de difusión masiva y las redes sociales. Triste pero cierto. Por eso es loable y magnífica esta obra, este video musical, sobretodo porque pudiendo haberse descarrilado el tren (el proyecto) hacia lo banal, lo impuro, lo vulgar, lo indecente, el director Alejandro Pérez, la directora artística Lizt Alfonso y sus coreógrafas, el cuerpo de baile, y sus actores/actrices perseveraron por el camino difícil hasta encontrar el balance de lo artísticamente hermoso, acaso picante, lo sutil, lo mágico, lo inolvidable.
No, de verdad, aunque yo no soy experto en baile ni coreografías ni nada de eso, yo te digo que el video y todo el montaje coreográfico quedaron buenísimos, ¡bárbaros!, como se dice en mi tierra. Pero sin la gracia y el encanto de la joven Ana Karla como bailaora, y los muchachitos y muchachitas que al final escogieron, simplemente no hubiera tenido el gran éxito que ha tenido en Internet. La gente se lo pasa y se lo dedica a cada minuto en Facebook, Twitter, Pinterest, Instagram, Tumblr, y todas las redes sociales. De hecho, con toda esta atención y popularidad que ha recaudado, tengo entendido que está compitiendo entre las nominaciones de los mejores videos del año en los Grammys Latinos, que se celebrará ahora a mediados de noviembre del 2013 allá en Las Vegas. Oye, yo como buen cubano, ya estoy rezando para que el videíto suba y suba y suba… oye, caballeros, recen ahí conmigo, por favor, vamos, cooperen ahí con un buen reza’o… ¡Ojalá!
♪ Bailandooooo… ♫ Bailandooooo… ♪ tu cuerpo y el mío… ♫ ¡Ay, Dios, qué problema!
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Ricardo Trelles
Postdata:
Justo es justo, y cuando alguien se luce en su trabajo, no debe faltar nunca un aplauso de reconocimiento y aprecio, de quien disfruta los resultados de ese gran trabajo. Así que ¡Gracias y Mil Aplausos! ¡Muchas Felicidades! Thank you! Kudos for such a great job! Congratulations! Estos son los créditos del video cortometraje:
DESCEMER BUENO con Gente de Zona / BAILANDO
Dirección y Fotografía: Alejandro Pérez / Asistente de Dirección: Juana M. Herrera, Yoan, Victoria / Producción: Ernesto Ibarzabal / Edición: José Lemuel (Pepito) / Post-producción: Pedro Vázquez / Maquillaje: Catalina
Ballet Lizt Alfonso / Coreografía: Diana Fernández e Indira Alvarez / Intérpretes: (1) Solista Ana Karla Suárez, (2) Cuerpo de baile de La Compañía y Ballet Juvenil, (3) Músico invitado de La Compañía: José Julián Morejón (percusión)
Escuela ENA (La Habana, Cuba) / Coreografía: Roclan
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Nuevo Video o Re-Make de Enrique Iglesias
Y bueno, al final, hoy es día 10 de abril, y acaban de estrenar hoy, o hace poco, el video de Enrique Iglesias con Gente de Zona y Descemer Bueno. Y el Ballet Lizt Alfonso.
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Como ven, hay una buena cantidad de escenas que han sido copiadas textualmente, exactamente igual que en el primer video. Tengo la impresión de que en muchas escenas las filmaciones las hicieron en República Dominicana, o Puerto Rico, o Cancún, o algún lugar del Caribe, con calorcito, mucho Sol, y muchos ombligos al aire. Esto sólo lo puede notar un cubano (lo de los ombligos no, digo, lo de que no es en Cuba). Si usted ha caminado bien las calles de La Habana, usted sabe bien que los puentes de los “expressways” o de las entradas a las vías rápidas de la urbe no son como estos. Además, en Cuba las casas se están cayendo a pedacitos, de la falta de mantenimiento, y ni siquiera las han arreglado o pintado en décadas. Vaya, que eso de desperdiciar la pintura en graffiti en las calles, no, qué va, eso no es en Cuba. En Cuba no hay pintura ni pa las casas, socio.
En el túnel, los bailarines son todos mulaticos y mulaticas. No hay nada malo en eso. Cuba está llena de negritos y negritas, de mulaticos y mulaticas, pero también de blanquitos y blanquitas, y rubiecitas y rubiecitos. Esto no es discriminación, por favor. Yo creo en la igualdad de las razas y el derecho de todos a respirar el mismo aire. Y creo en la libertad de escoger. Si le gustan las mulatas, dále palante con las mulatas, que Cuba en este departamento no le sigue a nadie. Si le gustan las negritas, dále palante, que las hay bellas en mi tierra, flaquitas, gorditas, chinitas, jabaítas, claritas, oscuritas, como usted quiera. Si le gustan las blanquitas y rubiecitas, oye, hay pa escoger también, y no tienen nada que enviarle a una europea. Cuidado las europeas cuando vean a una cubanita subir a la pista de baile. O cuando venga una criollita de Wilson caminando por el Coppelia o La Rampa. Digo esto de la variedad tonal (de tez), porque en el video original hay una participación extensa, inclusiva, más variada, de TODAS las razas, TODAS las edades, TODOS los estratos sociales, que por lo que parece, sería más representativo de la sociedad cubana.
Y en este segundo video, me da la impresión de que, como el gobierno de Cuba no le daría nunca visas a todos los bailarines del Ballet Lizt Alfonso, a algunos sí, pero a todos no–ni del Ballet Lizt Alfonso ni de ningún ballet, porque se le pudiera quedar el ballet completico, pero completico, todos, pidiendo asilo político en Miami–pues solamente viajaron los artistas principales del reparto, o sea, Descemer, Gente De Zona, Ana Karla, y 2 ó 3 bailarinas y bailarines solistas. No lo sé, es la impresión que me da, que no todas las escenas fueron filmadas en La Habana.
Ciertamente, el paseíto en bicicleta no es en el Malecón de La Habana. Eso debe ser en Santo Domingo, o en Mérida, o Fort Lauderdale. Seguro que es en Santo Domingo, sí, porque además, Julio Iglesias, el padre de Enrique Iglesias, reside en la isla, en Santo Domingo, y claro, tiene que tener un puche tremendo, y una influencia inmensa en facilitar un ambiente familiar en el que su hijo se quede por allí para filmar el video. Bueno, esto yo no lo sé, estoy suponiendo que sea Dominicana, por las vistas, las banderas dominicanas en el paseo marítimo de las bicicletas, las caras de la gente, y el ambiente de sol tropical y calor caribeño que se respira en las escenas, pero no tengo la certeza de que lo sea.
De todas formas, para ser justos, Enrique Iglesias se ha labrado su camino solo, y aunque el nombrecito del puro ayuda un montón, él, Enrique Iglesias, ha forjado su propio imperio a base de trabajos serios de música latina, y de música en inglés. Lo digo porque hay que ser justos en la Vida. Al Dios lo del Dios, y al César lo del César. Enrique Iglesias no es famoso ni ha llegado tan lejos por cuenta de su padre, sino por él.
The intro, a lo película de Hollywood, le quedó muy bien al director. Me gustó. Es una buena forma de invitarse los artistas, los unos a los otros, a disfrutar, a colaborar, en un mundo donde ya no puedes triunfar solo. Hay demasiada conectividad, por eventos, por Internet, por causas benéficas, por compañías disqueras, etc., como para no aprovechar la bonanza en términos de fama, como de finanzas, que traería llevar a cabo estas recurrentes colaboraciones entre artistas que están en el bombo, y que se benefician mutuamente.
Y muy buena también la presentación de Enrique Iglesias, y los demás, durante esa escena de ‘intro’ en la voz de Descemer. Desenfado el tono de su voz, como en medio de un juego de dominó con arroz congrí y carne de puerco en cajitas, alegre, acogedora, como vaticinio de la buena música y el ratico feliz que está por venir.
Y bien lograda, en blanco y negro (porque además en la magia de esta canción y de estos bailes sensuales, hay de blanco y hay de negro, como en mi Cuba), decía, muy bien lograda la amena reunión entre amigos, con guitarra, tennis, gorras, gafas, pachangas, cantos, bailes, hasta balones de fútbol (imprescindible para cualquier español), y buena rumba entre amigos, con licor, bulla, alegría, y música cubana, como pasaría en cualquier apartamento de Miami. O de mi querida Habana. Amo a mi ciudad natal, mi bella Habana.
Y bueno, un poquito de Photoshop ahí (Adobe Premiere), pa’ retocar a las muchachas y a los niños dándole cabezazos a los balones de fútbol al son de un reguetoncito románticón cubano. ¿Será que lo que buscan es vender un poco la idea de canción himno de alegría cubana/caribeña con vistas al Mundial de Fútbol de Río 2014? Ya está ahí el Mundial, ya casi, casi. Bueno, dále, palante, vamos alante con la historia del fútbol, el flamenco, y el reguetón.
Hay un notado cambio en las caritas de las bailarinas y bailarines. Ya no se ve el toque de “niñez” e inocencia de antes, acaso la luz exacta que espontáneamente destelleaban esas almas jóvenes. Es como una transición un tanto apurada, si se quiere, entre las “niñas” y “niños” del primer video, y los jóvenes, “mozos” y “doncellas” ya creciditos de esta segunda entrega. Esto no encaja mal, y ciertamente, tiene su razón. No es ilógico, ni es tampoco arbitrario el tener que “revolucionar” las caritas de los niños, porque en la Yuma no puedes vender la idea de niños y niñas bailando así con todas estas poses, movimientos, ademanes, e insinuaciones de índole sexual, de modo que hay que “apurar” ese crecimiento, es decir, “acelerar” un tilín esa mayoría de edad de los niños y niñas bailaores del video original.
Y está muy bien hecho, y muy bien logrado, porque seguramente los muchachitos y muchachitas (o la mayoría al menos) del video original, ya tenían 18 años de edad. Pero si se pretende comercializar esta buena música, debe evitarse malentendidos que lleven a disputas legales que prohiban la distribución comercial del producto final a gran escala, sobretodo por vía de redes sociales y de sitios de Internet.
Y bueno, el producto final es un problema, de bueno, digo, un “problemazo,” sí, sí, vaya, esa escena del espejo, un “problema” serio. Bueno, yo es que me pongo nervioso con esa escena del espejo. Ay, Dios mío, ¿por qué tú me haces esto, chico? Mi mujer me va a matar a palos. Mentira, mi mujer sabe lo que hay. No, no, oye, espérate, y ¿y qué me dices del vestidito negro ése? ¿Sí, ése mismo, el vestidito negro famoso ahí frente al espejo, y luego, en el hangar o túnel en su baile andaluz ahí pa descocotar a uno, con ese pelo negro así? Ñó, antes era un vestidito rojo, que volvía loco a cualquiera. Y ahora me cambian la bola, y me tiran un vestido negro (y más cortico, no se crean que no me dí cuenta, ¿saben?). Vaya, ya este vestidito negro es como pa’ mandarlo a uno directo pal psicólogo. No, chico, no, esto no es justo. Ya esto es un abuso…
En serio, a los que lean esto fuera de Miami, les comento que en los EE.UU. hay un nivel de puritanismo tremendo, acaso un poco hipócrita, sobre lo que se puede publicar en los medios de difusión masiva. Hay un montón de parámetros, como por ejemplo, los sistemas medidores de tolerancia de contenido en las películas (G, PG, PG-13, NC-17, R, NR), pero muchas veces, lo que la gente compra, si se vende, al final impone lo que se puede hacer o no. Y en el mundo de internet hoy día, todo, o casi todo se vale, pero aquí en la Yuma, por muy “volao” que uno sea, uno no quiere estar del lado equivocado de la ley, porque te suspenden la licencia comercial, te parten la siquitrilla, y te hacen pagar caro el error.
La canción ha tenido tal éxito de taquilla, que ahora en mayo del 2014, Enrique Iglesias ha grabado con Descemer y Gente de Zona, y Sean Paul, una nueva versión en inglés, a lo reggae (con su toque rasta), a lo hip hop/pop music style, que suena por las calles de Hialeah y de La Habana, día y noche.
En todo caso, en el mundo de la música, el cine, la televisión, y las artes visuales, si quieres vender música (canción, video, teatro musical, cortometraje, etc.), tienes que enseñar un poco de ombligos. Punto y aparte. No te lo cuestiones más. Si quieres quedar en la listica de la enciclopedia, y quedar para la historia registrado en el diccionario, pues bien, canta, escribe, o pinta lo que quieras. Pero si quieres llegar al estrellato, y llegar rápido, y vender muchos discos, y forrarte de billetes, pues entonces tienes que enseñar ombligos, socio, no hay de otra. Do you know what I mean? Pregúntenle a Shakira y Rihanna. Bueno, a mí me gusta Shakira, pero en defensa de los valores tradicionales de la familia, yo creo que sí, a veces estos videítos se pasan. En fin, yo vivo en un país libre, y la libertad va primero.
De todas formas, está claro, los muchachos que compran estas canciones por YouTube, o iTunes, o Google Play, o Zune, o Bing Videos, lo que sea, buscan algo que los conmueva, que los mueva, que los conmueva de verdad, y que los haga saltar del asiento. Tienen cientos, miles de canciones a su disposición, y claro, la música cubana se vende sola, sobretodo porque todo lo que tiene el sello de CUBA, todavía goza del privilegio, repito, aún siendo buena música, de lo inalcanzable, lo original, lo impenetrable, debido a los tantos obstáculos para visitar la isla, o de las tensas relaciones entre los gobiernos extremistas de Cuba y los EE.UU., y por consiguiente, de las mil restricciones en comercializar música y músicos norteamericanos allá, en Cuba, oficialmente, o música y músicos cubanos aquí, en la Yuma, oficialmente.
A esto hay que sumarle, que después del superéxito de Buena Vista Social Club a finales de los años 90, de repente, todo productor musical americano, o artista de música, quiere tener en su haber, en su repertorio, en su discografía, algo cubano, algún temita cubano, una rumba, un guaguancó, algo, guayaberas y mulatas, alguna joyita por ahí, alguna interacción o proyecto conjunto con artistas cubanos, porque son buenos, porque tocan buena música, y porque es un sabor de música original, y no fácilmente conquistable.
De todas formas, creo que el video está muy bien logrado. Es el mismo director, y en la mayoría de las escenas, son las mismas bailarinas y bailarines. La última línea que añade Enrique Iglesias ya al final “…bailando, amor, bailando, amor, es que se me va el dolor…,” sí que le quedó muy bien, y obviamente, le permite también, aunque la canción no haya sido su composición original, poner su granito de arena, si se quiere, con su propio sello. Al final, quedó muy bueno.
Bueno, ya, caballeros, ya se acabó la tarea y el estudio individual. Ahora levántense todos y bailen, señoras y señores, a cantar y a bailar, ¡esto es la Vida! ¡Que Viva Mi Cuba Bella!
Juzgue usted por sí mismo. Yo digo que el video original de Descemer Bueno con Gente De Zona está buenísisisisisisisimo, y digo que el video de Enrique Iglesias con Descemer Bueno y Gente De Zona está igual buenísisisisisisisimo, y digo que el baile y la gracia de Ana Karla siguen estando, cómo decirlo …..sísisisisisisisisisisisisisisisisisisim…….
Ana Karla, Lizt Alfonso, y Enrique Iglesias durante la filmación del video “Bailando,” en La Habana
Ya, por favor, no me castiguen más con tanta belleza, please. Señor Director, por favor, se lo ruego, ni un videito más, por Dios, que me va a costar el divorcio esto de las bellísimas bailaoras andaluzas de La Habana… y esos ojazos, y esa sonrisa, y ese pelo. ¡Auxilio!
Felicitaciones sinceras y merecidas, nuevamente, a Descemer Bueno, a Gente de Zona, a Enrique Iglesias, a Alejandro Pérez, al Ballet Lizt Alfonso, a la misma Lizt Alfonso (oye, tremendo “curralo,” señores, de verdad, qué buen trabajo el de Lizt Alfonso y su ballet, se está luciendo esta mujer). Felicitaciones muchas, muchas, muchas, a todos los muchachos y muchachas del grupo de baile.
Y finalmente, por su exquisita presencia, su gracia natural, y su dulce contoneo, extiendo estas felicitaciones sinceras y bien merecidas, por el gran éxito del video, a la incomparablemente bella Ana Karla Suárez Lima. Oh, my! What a gorgeous beauty! ¡Tiembla la tierra!
¡Felicidades a todos! What a wonderful and lively video! Congratulations!
Oiga, Señor Director, ¡piedad! Necesito una pastilla contra el infarto, por favor. Yo creo que ustedes lo que quieren es matar a uno aquí. No, no, no, vaya, ñó, ya esto es terrorismo. Oye, chico, me van a matar del corazón. ¡Alabao, esas cubanitas! Ay, mi maye….
Chances are you have enjoyed a great cold bottle of Coke, or Coca Cola. Chances are you have seen, or maybe even driven, one of those funny- or strange-looking automobiles from the 60’s. Chances are you have no idea who designed them both, the Coca Cola bottle (not the drink’s formula), and the unique, head-turning automobile?
Raymond Loewy was an industrial designer who made his mark in the world of design with hundreds of greatly influential logos and designs who still remain eye-catching brands in all places and at all levels of society.
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The Studebaker was a particularly distinct vehicle, with a design that broke with tradition in many senses. Pictured above, the designer Raymond Loewy with Studebaker President Sherwood Egberd. My favorite model of the 60’s is the 1964 Studebaker Avanti, oh, lovely!
Oh, Lord, this is a TV commercial from 1963, showing and promoting the 1964 Studebaker Avanti. Go figure, many of us were not been born yet.
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Loewy was a pioneer of great influence in the second half of the 20th century. Born in Paris, France, and later naturalized an American citizen, he had been schooled and trained at the Université de Paris, and exposed to diverse environments in Europe and America, with a great variety of design trends and movements. In the 1930’s he dreamed of the “paperless office” and became the vanguard of trends to come in the world of business and technology.
This great inventor not only had the futuristic dream of a modern society in which the “paper office” was the rule, but also, imagined that machines, step by step, little by little, would be substituting the presence and the role of humans in the modern industry, from vehicle manufacturing to large-scale industrial operations where robotics became the standard, decades later. Today, most households in the US are well connected to the Internet or the world wide web (www), by a wireless network, and most, don’t even use a printer anymore.
If you have a wireless telephone service or a US-based bank account (checking, savings, investments, etc.), chances are you no longer receive paper statements. Talk about a paperless office. Hey, it’s all about email and “texting” these days. And Facebook, and Twitter, and Pinterest, and Flickr, and Tumblr, and what not. Well, then, it does look like we have arrived in the future, haven’t we?
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Well, if you like cars like this one, you probably can find a bunch of them in Cuba, where there are hundreds and hundreds of these old American cars still running in every city, still rolling up and down the highways.
But hold on, there are also hundreds of them here in the US itself. In California, Florida, New York, all over the northeast, there are many official and also many informal gatherings of automobile enthusiasts who showcase their jewels in the parking lot of shopping malls and large fairs. Check out these beauties:
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And since we are talking about great designs, why don’t I keep quiet now, and we all sit back and enjoy these gorgeous cars. Good idea. I will leave you now with a little bit of the great design of the 1950 Studebaker. Enjoy this car show!
In some old shoebox I must have some of those old pictures in Cuba by an old American car. Sure, these days it’s all digital photography, but way back then, when I was a kid, my father had a gorgeous 1955 Plymouth Belvedere, with a mighty and nasty engine. I know that baby, I learned driving a car with a clutch in that beautiful machine. Brings me so many beautiful memories. And his old 1959 Chevrolet Impala, or his 1957 Oldsmobile, oh, that was a mean machine. V8, nasty, oh, yeah, it roared like a bunch of hungry lions. Or my grandpa’s 1953 Plymouth. Oh, nice machines.
It’s still fun to drive those ‘babies’ down there in Cuba. They’re all beat up, though, and they can not find replacement parts. Oh, well, it’s Socialist Cuba, you have to INVENT. So for decades, Cuban mechanics have found a way to adapt parts from Russian war tank, heavy trucks, and SUVs, or Jeep-like vehicles, and replaced the broken or worn out original parts in these American cars running in the island. They’re noisy, but they’re fun. It’s Cuba, man, CUBA.
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Did you hear how much cars cost back then, 60 years ago? Yes, you heard right. 100 to 300 hundred dollars. Wow! Things have changed! This peculiar design with the wind-wheel in the front grill was revolutionary in the sense that it helped dramatically improve wind resistance (drag), and gain in vehicle speed and fuel economy. Although, I have to say, this obsession with fuel economy we have today was non-existent in the 1950’s.
So go now. Go for a cold bottle of Coke and a merry Studebaker ride. What I mean is, get out there, drive, walk, run, sail, fly, travel, enjoy Life! On this November 5, Happy 120th Birthday to Mr. Loewy, you, crazy creative little Scorpion!
Are we broke? As a nation, I mean, are we broke? Not yet? OK, phew! Good to hear.
Oh, well, as long as the credit card can hold the cost of these crazy wars for oil, hey, listen, if we had only focused on killing Bin Laden. But if looks like the Bush-Cheney combo did sell the American people their war. Yes, in this case, we DID start the fire. So, sure, we want jobs, and better healthcare, and more of this and more of that. Honestly, not to confused with a whiner, but I have no idea how we’re going to get more of this or more of that, if the country’s finances are in shambles.
And that only mirrors the horrific financial nightmare that the average American family is forced to live month after month, scrambling a check here and there just to make ends meet. All this on pretty much, tens of millions of people who previously full time employees, now surviving on part-time jobs. Where are we going?
And the savings of the American family? Is this a joke? No, really, are you joking?
Check out this illuminating set of charts. I haven’t taken the time to fact-check every single number mentioned in this presentation. But if they happen to be all true, oh, boy, then it only confirms what you and I have known for a long, long time: we are not in good shape, my friend. We are broke!
Well, maybe not broke as bankrupt, but there is a pretty substantial gap in the income levels of the strata and social classes of Americans in the 21st century. If you were wondering what extreme Capitalism meant, then try to digest this.
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One last conclusion: I didn’t really want to break it to you this way, but it looks like we’re going to have to be working our butts off until we get to be 128 years old. Sure, the big pharmaceutical conglomerates are already working on that. I’m not sure they’re actually looking at the human joy and progress associated with this, but rather at the profitability side of the new age of Slavery.
Did I say ‘slavery’? Oh, no, no, I mean, progress, yes, that what I meant. Oh, this big mouth is getting me in trouble again.
I mean, if we can cure so many diseases and ailments today, and we can even get little blue pills to drive our elderly crazily horny, why not invent a pill to extend human lifespan to 150? No, seriously, we can put those big banker CEOs and pharmaceutical companies CEOs in charge, and that’s it, we can fix everything, right? Sure they can fix everything in Wall Street these days. Oh, no, wait, you mean they can’t? What? No! C’mon, don’t scare me now, please…
No, seriously, I’m sure some son-of-the-bitch with an expensive suit up there in an influential Manhattan CEO’s office is already thinking and planning how to squeeze more money out of those “active” 85-year-old “kids” bagging groceries at the supermarket checkouts. Those warmongering sons-of-bitches, I tell ya…
La Historia del Casino se remonta a los años 50, en La Habana, Cuba. Los cubanos bailamos música cubana, no salsa, ni ninguna otra cosa, no, nada de eso, nosotros bailamos música cubana. Esto es un palabrota grande, en el buen sentido de la palabra. Dos palabrotas grandotas: MUSICA CUBANA.
Debido a la influencia tan arraigada de la música africana, y a la ancha zona territorial de donde extrajeron a los millones de hombres, mujeres, y niños arrancados por los colonizadores españoles del oeste de Africa, y que luego se convirtieron en esclavos en el siglo XVI en su largo trayecto sin regreso al nuevo continente, los ritmos que nacieron o re-nacieron en la isla mayor de las Antillas, fueron variados y abundantes.
Toda esta mezcla llegó a diversificarse de una forma tal, que hoy día, es la música cubana uno de los grupos musicales nacionales con más variedad de ritmos y sabores en el continente americano, y de hecho, en el mundo entero. Por alguna razón, cuando se trata de música latina, específicamente de música cubana, o lo que muchos llaman, la música salsa, a los músicos los distingue especialmente, tener en su resumé el haber tocado en Cuba, o cantado en Cuba, o estudiado música en Cuba, o haber tocado con un conjunto de son cubano, o de charanga cubana, o con una banda cubana, ya sea en Cuba o fuera de la isla, Miami, Nueva York, Puerto Rico, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Nicaragua, Costa Rica, Islas Canarias, o al menos, coño, haberse pasado unas vacacioncitas en Cuba jodiendo la pita, tomando ron, y bailando rueda de casino en Marianao, o en Santos Suárez, o en Cienfuegos, vamos, en cualquier rincón de la isla. No, y de los carnavales ni te cuento.
A ver, coge la clave ahí, vamos a tirar un pasillo, vaya, una probaíta. Celia Cruz y “Que Le Den Candela.” Ay, Dios, y esta cubanita bailando casino en tacones, ay, mi maye…
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¿Te gustó el baile del casino? Tremendo casino que mete la parejita ésa, ¡ñóoo, candela! Díme, habla, haaaabla… Tranquilo, tranquilo, coge aire, sécate la baba, no pasa nada. Te veo ahí con la boca abierta. Despierta, asere, wake up! Bueno, mira, ya esto es una opinión personal, pero fíjate, cuando tú ves a una cubanita así bailar casino, es que, vaya, no sé, se derrite uno ahí mirándola dar vueltas, así mismo, se le sale la babita… ¡a que sí! No, espérate, y al Dios lo del Dios, y al César lo del César: vamos a ser justos, el chamaco también mete tremendo casino. No te pierdas, que el bárbaro se lució.
La cosa es que después de la II Guerra Mundial, con el pujante desarrollo económico en los años de florecimiento económico de postguerra, en los EE.UU., y por carambola, luego en muchos países aledaños donde aumentaron los intereses económicos de las compañías norteamericanas, incluída Cuba, y en este caso, la hermosa ciudad de La Habana, pues allá en las playas del oeste de la ciudad, se construyeron una veintena de exclusivos clubes y casinos, que ofrecían juegos de casino y juegos de apuestas, carreras de caballos, canchas de tennis, y de squash, acceso a la playa, o sea, a nadar en el mar, piscinas y fuentes, parques de diversión a sus socios, terrenos de esparcimiento, campos de golf, merenderos al lado del mar, etc., y sobretodo, la distintiva membresía a una clientela selecta de aristócratas de la época.
A todo esto le llamaban los “Casinos” de la Playa. Hoy día estos casinos y clubes, después que la Revolución los nacionalizara, y los renombrara con nombres de mártires de la propia Revolución, pues se les llama Círculos Sociales Obreros. Están todos hechos leña, destartalados, muy mal atendidos, la verdad, pero ahí siguen con sus hermosas fachadas señoriales, sus construcciones monumentales, y sus adornados jardines y fuentes, muchos todavía en sus diseños originales.
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Con el pasar de los años, la gente seguía disfrutando de los bailes, y de la música. Además, a uno se le van los pies con esta musiquita, señoras y señores, y de repente empieza uno a tararear y mover el fotingo, claro, chico, si es que no somos de piedra. Vaya, que todo el mundo muere ahí bailando con esos ritmos tan pegajosos. De modo que en aquella época, pues hasta los más ricos movían también el esqueleto, y lo hacían en estos clubes y casinos tan exclusivos. Chico, ¿no me digas que tú nunca has oído aquello de la Orquesta Aragón de que “…hasta la ♪ Reina Isabel ♫ baila el ♪ danzón, porque ♫ es un ritmo ♪ muy dulce ♫ y sabrosón…“? Bueno, pues la clientela crecía, y entonces comenzó a incluir a más gentes de pueblo, artistas, bailadores (el cubano es muy fiestero y bailador), y rumberos de cabarets, o sea, rumberos de altura, que formaban la misma pachanga de fiestas de patios y solares, y de jardines de cervecerías, pero en este caso, en un sitio de alcurnia.
Todo parece indicar, que en uno de estos casinos–atención, de aquí viene la palabra que da nombre al baile–un día, en un concurrido evento, un mano o mano el todo por el todo, como se dice, entre (la Orquesta de) Roberto Faz y su Conjunto y la legendaria Orquesta Aragón (dos de las orquestas más prominentes del cancionero bailable cubano), tocando frente a frente, primero una canción de una, y luego una canción de la otra, pues el elegante y divertido festín de bailoteo y danza que se formó fue tan grande y fabuloso, que quedó como un hecho histórico prácticamente el inicio de los mano a mano de baile de casino. El alegre baile y toda la amplia gama de pasos y movimientos quedó entonces marcado ya con el cuño oficial del pueblo, como el baile del casino.
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Entonces, desde ese momento en los clubes y casinos de La Habana, y hasta nuestros días, se le llama al baile del son cubano, el baile del casino. La historia de lo que se llama “salsa,” que también se refiere a un ritmo que se originó en la música cubana, que luego se extendió en otras modalidades por toda la cuenca del Caribe, Nueva York, y claro, la Florida, a donde llegaron casi 2 millones de cubanos desde 1959, cuando llegó al poder el gobierno militar de Fidel Castro, y miles de familias cubanas emigraron al norte, escapando de lo que sería luego un férreo sistema de Socialismo de más de medio siglo. Si quiere leer más, aquí se explica en detalle la historia de la salsa.
Bueno, y ahora me voy a callar la boca, porque cuando se trata de buena música cubana, (‘pérate, eso me sonó a redundancia, la música cubana es buena toda), y del archifamoso y divertido baile del casino, oye, hay que ver con qué gracia se mueven esas cubanas, chico (y cubanos, sí, sí, aquí hay pa to’ el mundo), y lo agradecidos que quedan el oído y el alma al servirles tan buen platillo de ritmo y sabor, y tan buen jolgorio y gozadera bailando la música más alegre del mundo.
Claro, tristemente, nuestra Cuba está hoy tan jodida y tan depauperada que hasta los carnavales los han cancelado. Pero ya cuando se vayan Fidel, Raúl, y el Socialismo, tú verás cómo regresa nuestra música cubana en los carnavales.
En fin, en mi islita hay de todo, pero si se trata de ritmos musicales, méte mano que allí hay hasta pa hacer dulce: mambo, son, guaracha, bolero, rumba, cha cha chá, zapateo, danzón, danzonete, guaguancó, hasta el baile del botecito, vaya, yo creo que se inventó en Cuba (afloja, bárbaro, dále suave). Oye, oye, ¿y el casino, qué? No, no, no, por favor, no se les ocurra dejar fuera al casino, caballeros, ¡el Baile del Casino! ¡Coñó, los Fenicios! Dále, métele, que se formó la Rueda de Casino.
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Bueno, arriba todo el mundo, ahora sí, señoras y señores, vamo’ a allá, ¡a bailar casino! Ahora sí que nos vamos: “♪ Agua ♫ pa aquí… ♪ agua ♫ pa allá… ♪ agua ♫ pa Mayeya…” Oye, pero dále, ¿qué tú haces sentado? ¿Qué están esperando ustedes? No, no, dále, a tirar un pasillo todo el mundo, arriba, todo el mundo juntos… “Bendito, ¿qué es lo que tú necesitas? ¡Agua Bendita!” En el medio de la calle, en mi natal Habana querida… “Pregunto ¿qué necesitas? ¡¡¡AGUA BENDITA!!!”
“Agua Bendita… para la señora y pa la señorita… para las flaquitas y para las gorditas…” Esto es “Agua Pa Yemayá,” de Elio Revé y su Charangón. Vamo’ a allá, vamo’ a allá, to’ el mundo, en coro: “A remar, a remar, a remar, a remar…” Esto es mi tierra, señoras y señores, ¡no hay más ná! A bailar casino todo el mundo. ¡Viva Cuba Libre!
Ahora que hemos intercambiado un fajón de cartas y mensajes digitales, veo que a ambos nos saca un poquito de quicio esto de estar respondiendo constantemente a las palabras anteriores del otro, sobretodo, porque en esta vida apurada de ajetreo constante, cuando me siento a escribirte, de repente han pasado días o hasta un par de semanas, y claro, si no se apura en recogerlas uno, se van secando en el suelo las hojas de otoño, so to speak.
Caminar y “vivir” París hasta el límite de los suspiros, un fresco mediodía de otoño.
Lo que quiero decir es que si un día voy caminando por un parque hermoso, como uno que recuerdo perfectamente en este instante, les Jardins de Tuileries, yendo hacia el Louvre, en París, de donde en verdad recogí un montón de hojas caídas de los árboles, que luego regalé a toda mi familia en Cuba, y a algunos amigos, pues intento recoger las hojas vivas, latentes, que apenas han caído de los árboles, y como si fueran aquellas hojas de parra (yo les digo hojas de parra, pero no sé cómo se llaman esos árboles), que recogí y regalé a muchos para que las atesoraran dentro de un libro–y se secaran allí, dentro del mundo entretenido y sublime de los libros–pues intento rescatar la vida útil, acaso espiritual, y la vivacidad efímera de estos colores invencibles, melancólicos, de un otoño amistoso y prometedor que nos llevó a reencontrarnos y que ahora nos recibe en su manto ancho.
Mira, si quieres decir algo sin que sea sólo el estar respondiendo a mis comentarios y notas anteriores, o yo respondiendo a los tuyos, pues mira, dílo, grítalo, te entiendo. Creo que ambos tenemos la libertad de hacerlo, y cuando hablamos espontáneamente, sin tener, como bien dices, que estar respondiendo temas o comentarios anteriores, que hizo el otro, pues díme lo que quieras, jovencita, de verdad, díme lo que tú quieras, pues yo no te voy a criticar, ni te voy juzgar, ni te voy a desdeñar. TE ESCUCHO. Yo te voy a escuchar, y te voy a respetar, y hasta me va a dar gusto leer lo que me digas o lo que pasa por tu mente. Y a lo mejor, si te dejas, te voy a asaltar con un batallón de miradas, y de besos. A mí no me da vergüenza decirte lo que siento. ¿Estás sentada?
¿Sabes lo que hice anoche en mi sofá-cama? Te desnudé, completica. Vine por detrás de ti, en mi mente, en ese momento, ambos estábamos frente a tu espejo, y yo me acerqué por detrás, mirándote a los ojos, a través del espejo, tú de frente al espejo, y yo detrás de ti, y mirándote frente al espejo, te tomé de los hombros, y tú pusiste tus manos sobre mis manos, las pusiste porque mis manos estaban calientes, y te gustó sentirlas, era de noche tarde, y fuera había fresco de otoño, y con tus manos sobre las mías, yo detrás de ti, sin virar la cara, me diste una miradita tan dulce, un tanto tímida, pero muy dulce, de frente a frente, nosotros cuatro, tú y yo, a través del espejo, y si hasta ese momento había una muralla, o una duda, cualquiera que fuera o que quedara, con mi pausado y paciente acercamiento, con mi amable toque masajeando tus hombros descubiertos, y con tu dulce mirada de aceptación a través del espejo, entonces se fueron derribando las murallas y los obstáculos, todos, ellos solitos.
¿Sabes qué hice después? Te aparté un poco el pelo, a un lado, palpé, olí tu hermosa cabellera, me daba ilusión tocar y oler tu pelo, tu piel limpia, en mi mente quise pensar que olías a colonia Bebito (bueno, no estaría bien hacerle nada malo a un bebito, por Dios, yo no soy un pedófilo ni un loco ni nada de eso, bueno, no, un loco sí, pero, no con niñas o mujeres menores de edad, nada de eso), en fin, te olí con detenimiento, detrás de tu oreja, quería que te desesperaras, así que no te dí un beso, te seguí husmeando, oliéndote, labrando huellas de suspiros entre tu cuello y tu pelo, pasando mis labios y mi nariz muy cerca de tu piel, respirando sobre tu piel para que sintieras mi respiración, caliente, aspirando y expirando para que sintieras casi hasta la humedad de mi aliento.
Claro, eso te ponía impaciente, I know, y tu mano derecha viajó sobre mi mano a tocar mi pelo, a acariciarlo suavemente, y entonces te dí un beso en el cuello, un beso suave, dulce, un beso “malvado” si se quiere, suficientemente emancipador como para que temblara tu piel, todita, pero no tan fuerte que te hiciera cambiar de postura, pues la historia era “desnudarte” y “vivirte” allí frente al espejo antes que de otra manera. Fue un beso prohibido, y tenía que serlo, un beso que te hiciera vibrar cada vello y cada curvita de la espalda, y que le mandara un mensaje claro y directo a todas las regiones vecinas que debieran ser notificadas, de que ese beso amigo vino a descubrir, cara a cara, los misterios, todos los misterios y todos los secretos de la selva de tu piel.
Mi divertido sofá cama rojo se parece bastante pero no es éste. El mío, el de verdad, ya no es tan cómodo como cuando era nuevo, pero cuidaíto, ¿eh?, no te creas, el mío conoce de mil historias, mil secretos, y mil misterios.
¿Tienes que coger un diez? OK. Coge aire. Ya yo cogí aire de nuevo también. (Sí, uhhhhh, abusas de mí con todos estos pensamientos.) Ya. Me llené los pulmones de aire de nuevo. Claro, yo también soy humano, ¿sabes? Yo no soy de piedra, no.
¿Sabes qué hice después? Nada. Fuiste tú quien lo hizo todo ahora. Arqueaste tu espaldita en un divino contoneo espontáneo, toda erizadita, y con un callado alarido de placer, se contoneó tu torso con olor a colonia de Bebito. Bueno, digo yo Bebito, o era fragancia de violetas, o hasta Vermellón, no sé (no, creo que no, el perfume Vermellón aquel era mucho más fuerte, mejor a violetas, o tal vez a un suave agua de gardenias, sí, ¡hueles tan bien!). En ese momento, dócilmente, casi sin esperarlo, empujaste la parte baja de tu espalda hacia atrás, y claro, yo estaba parado detrás de ti, muy cerca, muy, muy cerca, y no, claro que no cedí ni un solo centímetro, así que, bueno, ya conociste a “mi ayudante.”
No daré más detalles. Lo que sí sé es que en tu arqueadita tan maravillosa, tu busto se movió un tanto hacia adelante, y pude ver, por sobre tu bobito de seda rojo vino, que tus pechos virginales llenaban la cámara de la blusa, o sea, del bobito bordado de florecitas amarillas, y tus pezones, quizá impacientes, de seguro, interesados en el empuja-empuja que se estaba formando ahí en la guagua (frente al espejo), se pararon en atención como dos atentos centinelas.
Y yo aproveché para correr mi mano derecha sobre tu estómago, un poco más a la izquierda, porque ahí, debajo de tus senos, a la izquierda, es donde está tu corazón (digo, ¿tienes un corazoncito ahí, no?, no me engañes, chica, por favor), y porque allí, debajo de tus senos, podría tocar tu piel, sin apresurarme demasiado a tocar tus senos, evitando así que te fueras a molestar y me dieras un paroncito por ir tan de prisa. A la vez, el poner mi mano intranquila pero paciente debajo de tus senos, me permitiría brincar fácilmente hacia cualquier otro territorio amigo que pudiera beneficiarse con una demostración de cariño. Y tú segurito que habrás pensado: “¿demostración de cariño? Verdad que tú eres descarao…”
¿Sabes qué hice después? Escuché. Escuché atentamente. Escuché tranquilito, latente, abrazándote. Escuché, muy feliz, escuché tus suspiros, y por dentro brincaba de alegría como un niño, porque si suspirabas así de feliz tú misma, con sólo desplazar mis manos sobre tu piel sedienta, pero apenas por sobre tu bobito rojo y amarillo, imagínate cuánto más de feliz estarías si me aventurara a quitar de mi camino al famoso bobito de seda. Pero si me fresqueaba con acariciar la piel de tus hermosos senos directamente, sin bobito–y sin “permiso” todavía–quizás no te parecería muy amistoso el que fuera tan rápido. Quizás. Quizás no.
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¿Sabes entonces qué hice después? Con mi mano sobre tu bobito, y sobre tu corazón, bajo tus senos, que estaba ya casi tocando, pero no, en realidad no, pues calculadamente, despacito, como lobo estepario que vigila y acosa a su presa, des – pa – ci – to, con mi boca, con mis dientes, cariñosamente halé un poquito el sostén de tu bobito. Y eso te gustó, porque no fui tan brusco, ni tan burdo, ni tan grosero, y te encantó que te pidiera permiso para “aflojarte” la tirita del bobito, porque según mis improvisadas evidencias científicas, “te estaba apretando mucho la circulación,” y tú te reíste tan amorosamente, medio tensa todavía, pero interesada en estas “investigaciones científicas” tan serias que estabas viviendo, tan divertida, pero aún parecías como sonrojada.
De todas formas, te reíste con una sonrisita pícara, y pusiste los labios con una curvita deliciosa, que la verdad te los hubiera querido morder, pero preferí esperar un tantico más. Tú debes haber estado pensando: “Ya, cuéntame el final de la película, ¡ya!, por favor, ya, dímelo, me tienes aquí sufriendo, ya díme, ¿quién es el asesino del Expreso Oriente? Es más, ¿tú no eres el Lobo Feroz? Entonces, ya, ¡mátame!, ¡cómeme! ¡YA!”
Esta espera no era por gusto, ¿sabes? El demorarme y esperarme un tantico más realmente me ayudaría mucho, sí que me ayudó inmensamente, porque ví tus labios deliciosos, desnudos, deseosos de que los tocara con mis dedos, y los untara de mi miel, y ahí me dí cuenta de que serían perfectos para una idea que tuve, bueno, que todavía tengo, para ellos, tus labios. Oh, pero ¡qué gran idea, Riqui! Bueno, no, éste no es el momento. Mira, algunas ideas salen mejor cuando no se comentan, pero te advierto, el mundo no se puede enterar, OK? Oh, Lord, no, ¡no nos perdonarían el no compartir esto! Sí que es una idea muuuy divertida, creo yo.
Así que te bajé un tantico el sostén o la tirita derecha de tu bobito, sin que cayera del todo, el bobito, aunque sí, se alcanzaba a ver una porción de tus pechos, y eso me gustó (oh, yeah, me encantó, y a mi ayudante, ni te cuento… okay, okay, compañero, orden, por favor, Ricardo Trelles, please, collect yourself, thank you), y me dio un tilín más de confianza, porque ya sabías que podía divisar tus pechos, ¡que los había visto!, y que aún cuando ya los tenía al alcance, estaba siendo muy cuidadoso en no apresurarme en tocarlos todavía.
Eso también me ayudaba porque cada segundo que pasaba en que yo no tocaba todavía tus senos con sus divinos pezones paraditos, era un siglo de expectativa y de anticipación de tu parte, que trabajaba a mi favor, y ambos sabíamos que yo deseaba inmensamente tocarlos, acariciarlos, y besarlos, pero debía ser así porque si bien yo estaba loco por besarlos y morderlos, más loca estabas tú porque yo me lanzara al abordaje como en las películas de los piratas. Pero un lobo (o un guerrero) disciplinado siempre tiene su justa recompensa: toda esta ansiedad provocada y esta desesperación de espera obligada sólo me ayudaría para que lo demás sucediera como lo planeaba el Lobo Feroz. ¿Cómo era? Lobo estepario que vigila y acosa a su presa… chica, no me lleves tan recio.
“Lobo estepario que acecha a su presa…,” ñó, ahora sí que me mataste ya con el cartelito ése.
¿Sabes qué hice después? Deslicé mi mano derecha por debajo de tu bobito rojo, que ya no se resistía a mi intento invasor. Con diestro ademán, moví a un lado su delicado vuelo de encaje de florecitas amarillas, y por debajo de la roja seda, finalmente, mis dedos se escurrieron como agua por entre ríos y cascadas, para bajar a jugar ya a su libre albedrío, y ejecutar un magistral “asalto” en son de cosquilleos con malévolo placer, a tu ombliguito habanero, solitario e indefenso, ahí en medio de las cálidas latitudes que el lobo hambriento añoraba descubrir, y que ahora volaba libre al viento, tu ombliguito, a merced de estos dedos intranquilos, frente al espejo.
¿Sabes qué hice después? ¿Qué no hice? No lo hice. No pude. Por más que lo intenté, ya no pude. No. No podía detener a mi mano derecha, esta mano exploradora que tiene complejo de Cristóbal Colón, a que no se fuera en sus cinco noas a investigar las fuentes (verdaderas) de la felicidad.
Y entonces mis dedos volaron bajito sobre tu piel, acariciándola milímetro a milímetro, con suavidad, con presencia, con ganas de tocar tu busto, que hasta ahora había estado ahí tranquilito, respirando fuerte, pero quieto, en su lugar, disciplinadamente. Y eso fue exactamente lo que hice, o hicieron, mis manos.
Hasta allí se fueron mis manos, a acariciar tus senos divinos, a apretar tus pechos deliciosos, suavemente, suavecito, escuchando tus suspiros, tu boca sobre mi oído izquierdo, y mi boca acercándose cada vez más, peligrosamente, pero muy bien calculado todo, sin prisa, a tu boca, para morderte suavecito, el lóbulo de tu orejita derecha, y tu cachete, y besar tus ojitos, y tu boquita sedienta, y morder tus labios húmedos, y bajar, mojar tus pezoncitos con mis labios, castigarte con mi lengua caliente y juguetona, como si fuera un taladro del placer, dándole vueltecitas a la redonda a tu pezoncito rosadito, caliente, así, cojones, chilla, sí, chilla, ¿te gusta, no? Así, suavecito, déjame pinchar delicadamente tus areolas con la punta de mis bigotes, ay, qué rico te contoneas, ¡cómo te erizas toda, cabrona!, ¿te gusta que te haga eso? Yo tengo una medicina ahí perfecta pa todos estos chillidos y estos temblores… ¿tú quieres que el lobo te dé la medicina?
Huh, con todo lo que lo había soñado, ¡oh, qué inmenso placer besar tu bello busto desnudo! ¡Qué gusto grande adornar de besos tu piel deseada! Oh, Dios Santo, besar tus pechos, jugar con ellos, llenarlos de mordiditas (mírame a los ojos, ¿te gusta que las bese y las acaricie?), y mordiéndolas así suavecito, uhm, suavecito, halar tus pezoncitos con mis labios, ¡qué riiico!, y pintarlos de suspiros con la miel de mi saliva y de mis deseos…
Ya mis manos, calculadoras, acechantes, se había posicionado estratégicamente por debajo del célebre bobito rojo, y amorosamente, casi dueñas de la fiesta, merodeaban las cercanías del sur de tu ombligo, que ahora latía casi como con la urgencia de una bomba de tiempo.
¿Sabes qué hice después? En mi sofá-cama rojo, donde aún hoy sueño con tu piel, ya no hice más nada. Antes de que pudiera seguir mi emocionante fantasía dominical, a través de la ventana, el Sol de Miami me despertó en esta mañana calurosa, y mi almohada, inerte, boquiabierta, casi asustada de todo lo que había visto, me zarandeó así fuerte, llamándome iluso, soñador, chiquillo ingenuo que todavía cree en el amor, que si por qué seguía yo repitiendo como en trance, que “sólo soy un náufrago del embrujo de tus ojos.” Y no le pude responder con sensatez, la verdad. ¿Qué le podía decir? Además, mi almohada casi siempre tiene la razóm. Simplemente, soñé tu piel porque ya estás en mí.
Ahora, los días pasan y no te tengo. Mi mente te sueña cada noche, pero no te tengo. Ahora sólo te pienso, con calma, con paciencia, con sabor, sí, tus labios me saben a todas esas suculentas frutas tropicales que comía en mi patio de La Habana cuando era niño, y de grande también. Bueno, pero hay una arista prohibida de estos sabores, de algunas frutas de las que hoy no debo hablar. Pero cada una, cada fruta, pasará por tus labios de la mano de mi cuchara, sí, de mi mano–y alzarás la mirada porque te quiero ver esos ojitos lindos–y juntos vamos a saborear la miel de esos divinos pecados.
Y cada noche, te veo flotando en mi pensamiento, cada noche, en mi sofá-cama rojo, cada noche una fruta dulce de pecado deseado, cada noche, así es como te desnudo y así es como te poseo: ¡frente al espejo!
¡Feliz Día Internacional del Beso! ♥♥ Happy International Kissing Day!
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UN EJÉRCITO DE BESOS
(fragmento)
Tus labios son el espacio perfecto.
Perfecto para nuestros juegos,
perfecto para nuestros secretos,
perfecto para nuestros pecados,
perfecto para nuestros locos inventos.
Tus labios son el espacio perfecto.
Los veo en la noche, en la niebla, en la nieve, en la ventisca.
Los veo en la luz del Sol del Caribe que entra por tu ventana, la que da al norte.
Y han pasado años, pero nunca tu sonrisa perdió su destello.
En realidad, no tengo todas las respuestas. Así que no me preguntes esto.
Eso sí, cuando cierro los ojos, inmediatamente te veo.
Y si un cataclismo apagara el Sol, aún ahí ¡todavía te siento!
Chica, y díme, si nunca he tocado tus labios, entonces
¿cómo le explico a mi corazón eso de que son tan dulces tus besos?
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Esta noche es especial; esta noche al fin ya con tus labios me enredo.
Esta noche un ejército de mis besos te levantará en peso.
Esta noche, allá vamos todos, mis pensamientos y yo… desde lejos.
Esta noche, y siempre, tus labios son el espacio perfecto.