Dos tazas de café

Mi querida Zoe:

Has sido la primera en opinar o escribir en mi blog.  También Rosa Toruncha lo está siguiendo, aunque no la reconocí porque no había visto su nombre.  Bueno, un día hermoso, porque ves que los frutos empiezan a darse.  Gracias a las dos.

Yo mismo me diseñé mis sitios web anteriores. Claro, el último, professortrelles punto com, tenía muchas fotos que ya hasta me daban comezón el día entero, con todos estos líos con lo de la privacidad, así que ya lo quité, y me he hecho este blog, con la esperanza y el objetivo de dedicarle más tiempo a lo que realmente quiero en esta etapa de mi vida, escribir.  Habrá que ver ahora cómo lo pongo a producir unos centavillos, con algún tipo de advertising discreto, sin mucha interferencia, porque la verdad me hacen una falta tremenda los chelines.

Tengo un buen amigo en Barcelona que conoce bien de estos temas, y cuyo blog de fotografía me parece atractivo y exitoso, así que ya lo molestaré para que me dé algún consejo.  Y bueno, no tengo demasiada prisa en arreglar el mundo, así que poquito a poco iré mejorando mi blog, vamos, tiene apenas una semana.  Y sí, aprenderé de otros blogs que llevan más tiempo establecidos.

Es hermoso y a la vez curioso, el que estamos viviendo tiempos de cambios radicales.   Nuestros padres jamás imaginaron que un libro se pudiera leer en una pantalla de computadora.  Nuestros nietos probablemente vean los libros que nuestros abuelos comúnmente usaron en la escuela, como piezas invaluables en un museo.

Si alguno de mis amigos quiere leer algo por computadora, o sea, acceder alguna gran obra literaria, científica, médica, o académica sin tener que ir a comprar el libro, o no tener que ir a la biblioteca, hoy día en Internet se consigue casi todo.  Por ejemplo, si quieren leer, o volver a leer El Principito (El Pequeño Príncipe), de Antoine de Saint Exupery, aquí en este enlace lo pueden acceder.

O bien, El Alquimista, de Paulo Coelho, pues ahí está, al alcance de todos.  Que los disfrutéis.  Claro, que cuando uno coge un libro en sus manos no es igual.  O te vas a la playa con tu libro, o te recuestas en el sofá, bueno, tampoco ya leo muchos libros, pero me queda el recuerdo de tiempos felices con los libros.

Y si tienes más tiempo, puedes escuchar o ver en YouTube, en formato de audiolibro, video, o película, un montón de clásicos de la talla de Hamlet, Príncipe de Dinamarca, de William Shakespeare, o La Guerra y La Paz, de León Tolstoi, o El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes, o El Rojo y El Negro, de Stendhal, o David Copperfield, de Charles Dickens.  Hoy día, aún sin tener el libro físicamente en tus manos, para nutrirse de buena literatura y de mil temas de cultura en general, opciones equivalentes, algunas excelentes, del mundo digital, no faltan.

Quiero que sepas, Zoe, que aunque no siempre opine en alta voz, siempre me paseo por las cuentas y los muros y las páginas de mis amigos.  Si me dejan entrar, como dejo yo acceso a mi cuenta a los amigos de mis amigos, pues las leo y las disfruto.   Aunque soy un tipo muy desenfadado y extrovertido en un círculo cerrado, la verdad es que como han pasado treinta años de haber estado juntos en la Lenin, me mido mucho cuando no ha habido tanta confianza, porque igual, ahora de adultos, tampoco uno quiere ofender a nadie con algo que pueda decir que para uno es normal, pero que a otros pueda no gustarle.

Lo más raro a veces es llamar a los viejos amigos por sus nombres originales, no sé, me suena extraño, no sé, nos decíamos nombres de pila y nombres de guerra cortos, por ejemplo, no recuerdo que le dijéramos Antonio a nuestro amigo Mijaíl, o José Manuel Quesada al Pepe.  Claro, los profesores sí sabían bien nuestros nombres, y nos llamaban siempre por el nombre completo.  Nosotros también, lo que pasa que en 30 años se olvidan muchos nombres y muchos detalles.  ¿Quién se iba a imaginar que Juan Tomás Alvarez Minobis era nada más y nada menos que el Titio?

Y las hembras igual, lo que pasa es que los varones teníamos muchos más nombres de guerra y apodos, el Johnny, el Toto, el Peter, el Jimmy, el David, el Loco, el esto y el lo otro, había todo tipo de nombres.  Ahora somos casi más cortados, un tanto más respetuosos, respetados, con nombres largos y formales que sólo usamos en la fiesta del trabajo de la esposa, pero igual, creo que por dentro, todos, tanto los varones como las hembras, seguimos siendo los mismos chamaquitos que un día fuimos en la Lenin.

Y retomando el tema de los blogs, por supuesto que he estado en tu blog, y me ha encantado el tono sobrio, acaso melancólico de algunas de tus páginas.  Hay un par de poemas o pensamientos en prosa que escribiste, que suenan con voces hermosas, repito, algunas más realistas, otras más evadidas, ausentes, o melancólicas, así como la brisa de otoño en una caminata por la playa, por allá por Mar del Plata.

Yo personalmente suelo ser un poco más extendido en mis escritos, por elección propia y libre, aunque a veces me impongo el ejercicio de escribir toda la trama de un episodio en apenas unas líneas, sí, porque hay que saber sintetizar, y el mundo no siempre tiene el tiempo o el interés de sentarse a escucharte.  Pero claro, para los que sí se toman el tiempo de sentarse a escuchar tus historias, para esos escribo.  Para mentes como tú y como yo, que como bien dices, agradecen una librería con un banco grande donde sentarse a leer un buen libro u hojear los libros y revistas simplemente, en paz.  El día que estuve en la Galleria Uffizi, en Florencia, parecería como si Boticelli hubiera previsto que yo–y así también otro montón de aficionados al arte–íbamos a necesitar un banco grande para detenernos y deleitarnos una buena horita con su inmaculado Nacimiento de Venus y su colosal Primavera.

Tu reseña de iSad me pareció punzante en la imagen de lo que perdimos.  Como bien reza la frase del párroco y poeta John Donne, cuando las campanas suenan es que algo perdimos, un dedo, un brazo, un hombre.  Pues perdimos mucho esta vez, perdimos a un genio cuando Steve Jobs se nos fue.  Yo como maestro de temas de negocios y tecnología vivo a diario las maravillas que el ingenioso duende de este hombre nos dejó, vamos, escucho tantas cosas en iTunes, y nuestras computadoras y teléfonos son hoy más sofisticados en buena medida gracias a este genio.  Este hombre nos cambió a todos.

Me encantó la foto que allí tienes, caminando solita por la playa.  Sin ofender a los maridos, claro, que no se ponga celoso nadie ahora, que luego paga uno los platos rotos con los maridos celosos.

Bueno, tengo que decir que el pasaje del mango está fenomenal.  Yo soy adicto al mango, desde chamaquito.  Cuando era niño, bajábamos por todo 76 (calle 76), los cuatro hermanos desde Ciudad Libertad (antiguo Cuartel Columbia) hasta la Calle 13, en Playa, La Habana, bordeando el aeropuerto de la DAAFAR, y tumbando mangos de cuanta mata de mango apareciera en el camino, y luego, al llegar a casa, ahí sí que se formaba la fiesta del mango de verdad.  Mi padre tenía un montón de árboles frutales en el patio, y uno de ellos era una mata de mango gigante, de ésas que vas a recordar toda tu vida.  No sé si recuerdas de cuando éramos niños, como el tallo del árbol que creció hasta el cielo allá leeeeeejos, aaaaaalto, después de plantar el frijolito de oro, y el gigante malo no podía cogerte porque no alcanzaba hasta allá arriba.  Bueno, y del placer de sentarse a comerte 10 ó 20 ó más mangos, ni te cuento, vamos, esto solo merecería un volumen de cuentos.

De todas formas, el pasaje del Café se tiene que llevar una medalla.  Pues mira, somos dos los adictos al café, digo, tú, y yo, y dos millones más los adictos, porque mucha gente lo consume igual.  Es una delicia, un privilegio en esta vida, y una bendición que podamos saborear el café.

También el poema de Jorge Luis Borges, y toda su veracidad y omnipresencia, sí que las cosas quedarán, todas, aún después de partir, y como bien dice, no sabrán nunca que nos hemos ido.  Este hombre era un gigante.

FIU, la Universidad Internacional de la Florida, aquí en Miami, tiene una biblioteca grande, se llama the Green Library Building.  Y allí, en el segundo piso, hay una estatua en bronce, de torso y cabeza, del gran Jorge Luis Borges.  Y bueno, como a mí me gusta Borges, y García Lorca, y otro montón de estos gigantes de las letras, cada vez que pasaba por allí, jocosamente le tocaba la nariz y la frente y lo saludaba, “ché, boludo, qué pensás de tantas minas con los ombligos al aire, porque vós las podés ver toditas desde aquí…”, como imitando un poco el acento de los argentinos.  Claro, luego me disculpaba, y lo saludaba con todo el rigor y respeto de un protegé, bueno, digamos mejor, de un alumno.  “Buen día, Maestro Borges,” y seguía mi rutina, seguía a hacer lo que fuera allí en la biblioteca.

Allí está la estatua, una cabezota grande de bronce, en un pasillo del segundo piso de la biblioteca de FIU, y allí voy siempre y lo saludo.   Como saludo también a la bolita del mundo que hay arriba de un buró, siempre.  Creo que mis ángeles me oyen cuando les suplico que quiero conocer más de este mundo, y me regalan un viajecito de vez en cuando.

Hay otras fotos, y escritos y poemas.  Con tu niña, con amigos, habrá que leerlos.

Atención:  a todos mis amigos que lean esto, les recomiendo que visiten el blog de Zoe, http://miramebien.wordpress.com/.  Vayan y mírenla bien.

Mírenla caminando por la playa en una tarde de mar, solitaria, no necesariamente triste, pero pensativa.  Yo digo que pensando y pensando se labra uno un futuro con menos errores y más alegrías.  Creo que vamos descubriendo en la mente los posibles baches del camino mucho antes de que aparezcan.  Ya sé que suena un poquito maquiavélico esto, pero no, no creo que sea yo el ser más manipulador de la Tierra, aunque sí intento ser más previsor cada día.  Al final, la vida realmente es corta, y no me gusta tampoco perder mucho tiempo en planificar las estrategias.  A veces la mejor estrategia es coger un avión, bueno, tomar un avión, me entiendes, y salir a vivir la vida, aunque el panfleto de la susodicha estrategia formal no se haya terminado de escribir.

Esta mañana conversando por FB con Liliana Puchkoff, me comentaba de esta película, y yo le decía que me encantaba y que la había usado como herramienta en algunas de mis clases de inglés  (soy maestro de inglés), para ayudar a los estudiantes a reducir el acento (accent reduction), de otras lenguas, del español típicamente, y que me conocía muchas de las escenas y parlamentos porque los había repetido muchas veces.   En todo caso, el chocolate es de esas delicias que no deberían faltar en este mundo, y no, no faltan, porque Papá Dios fue sabio en incluir el cacao y todos los placeres que se derivan del chocolate.

Hoy te quisiera regalar esta película, Chocolate.  Claro, con mucho gusto te regalaría un megaturrón Toblerone de chocolate con almendras (no pun intended, no te ofendas), pero estamos lejos, así que por ahora no será.  Yo creo que esto despierta los sentidos, no sé, una pinta de helado de chocolate con crema de pistachio, y dos amantes con manos inquietas y apasionadas solitos en una playa retirada y escondida.  Bueno, tu imaginación de hábil poetisa lo sabrá, pero no te ofendas, que no insinúo nada inapropiado.  Como dijo el Señor Atardecer cuando le preguntaron, “yo no sé, de verdad, yo no ví nada.”   Igualito que en Las Vegas, lo que pase en esta playa, se queda en esta playa.

En fin, eso, la vida es una sola, y vale la pena disfrutar cada segundo de los misterios del chocolate.  ¿Y si nos tomamos un buen café con leche caliente en medio de noviembre, en medio de París?  ¿O qué tal una tazona de chocolate caliente con churros en Madrid? (foto, der.)  No, coño, no, mi socio, ya tú quieres demasiado.

Y bueno, mención especial para el pasaje de Pide Un Deseo.  Los que un día nos fuimos buscando otros horizontes dejamos atrás tu Telescopio de Galileo y otro montón de recuerdos, pero al final, aunque de mil maneras diversas, creo que encontramos la felicidad.  Yo siempre ando pidiendo deseos, en cada fuente de un parque donde echo monedas, en cada río caudaloso en que dejo también monedas, en cada montaña majestuosa y cada camino misterioso donde se quedan todas mis monedas, en cada conversación con las estrellas, siempre voy por la vida pidiendo buenos deseos.

Bueno, y ¿qué habrá querido decir la musa con las letras japonesas del hombro y la espalda?  ¿O son chinas?  Uhm, otro misterio para descifrar.

Ya seguiré leyendo más en tu blog.  En algún momento me suscribiré, pero me interesa más leerte que ser un numerito del contador, por ahora.  Además, te juro, estoy descubriendo muchos de los vericuetos de los blogs, y bueno, en algún momento tendré que dejar de jugar con las máquinas y los blogs como un niño, y graduarme de adulto.  Comoquiera que sea, es muy probable que incluya esta perorata como uno de mis posts, porque esto es lo que escribo, y también esto es lo que soy.  Que sigas bien, Zoe, y tu niña, y tu compañero, y tu familia.  Que disfrutes del verano, que ahora va para allá para el Sur.  Seguimos en contacto.  Un abrazo fuerte,

Ricardo Trelles

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About Ricardo Trelles

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1 Response to Dos tazas de café

  1. ZoePé's avatar ZoePé says:

    No dejo de dar gracias, en este blog. Qué exhaustivo! Gracias también por el café y el chocolate.
    Un beso, Trelles.

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