¡Adiós, Susana!

A mi querida amiga Susana Ojeda, In Memoriam

Miami, Florida, a 19 de septiembre de 2012

Querida Susana:

Acabo de enterarme de tu partida, y claro que no puedo creer lo que dicen.  ¿Cómo es eso de que te has ido?  ¿Por qué te nos has ido?  No lo creo, y me cuesta tanto trabajo decirte adiós.  Llevaba desde comienzos de febrero de este año sin entrar o sin escribir nada en Facebook, casi 8 meses ya, una medida de disciplina tipo la Lenin que me tuve que autoimponer.  De repente, este email de Tamarit me ha trastocado el paso.  No sé los detalles aún, pero rezo por que no hayas sufrido los dolores y las dolencias del cuerpo.  Creo que es difícil lidiar con la verdad, pero al final, es la verdad, y habrá que aceptarla.  En cualquier caso, no sé adónde te has ido, pero espero que vayas en paz, y que de algún modo tu espíritu vea o perciba el amor que te profesaban muchos, y el cariño y afecto que tantos amigos sentían por ti.  Ese amor, cariño y afecto son gigantes, y se sienten, si sólo pudieras ver a tus amigos de antaño y de hoy consternados por este  inesperado viaje final.

Aquí te dedico esta canción, aunque ya tu cuerpo se haya ido, con un gran pesar, porque si de verdad te fuiste, entonces se me fue, se nos fue una buena amiga. Dejaste tu imagen grabada en la mente de muchos, de tantos que hoy te recordamos como una muchacha tan hermosa.   Yo tuve el gusto de conocerte, y un poco más allá de la belleza femenina que exudaba tu pelo rubio y tu figura juvenil, yo tuve la oportunidad de conocer tu cara intelectual, como periodista, como ente pensante, profesional, y a la buena amiga que fuiste.

..

¡Cuánto siento tu partida, Susana!  Nunca pensamos que moriremos antes que nuestros padres, y la vida va y viene con sus problemas y sus retos y sus desdichas, que no son pocos, la verdad, pero igual, siempre encontramos un ratico para desconectar y celebrar lo poquito o lo mucho que podamos considerar un triunfo.  Pero nunca pensamos que nos iremos del mundo material tan pronto.

No olvido nunca de chamaquito cuando nos tocó, como pioneros, asaltar aquel Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba.  ¿Te acuerdas?  Mi padre siempre me enseñaba el libro que publicaron después, con la foto en la que se veía a las dos rubias, Susana Ojeda y Susana Molina, una bella persona también, a quien no he vuelto a ver en muchos años, pero muy buena gente cuando éramos niños, y luego igual, por lo que he sabido.  Eso, mi viejo me enseñaba siempre esa foto, y señalaba a las dos rubias, una más alta y otra más bajita, poniéndole la pañoleta a los dos caciques mayores, y un niñito llamado Ricardo Trelles en la fila de atrás del “Caballo,” poniéndole la pañoleta aquella azul y blanca a otro jerarca de la tribu del PCC.  Siempre conservé el libro, todavía lo guardo en La Habana, y siempre que yo lo veía pensaba en las dos Susanas, y cada vez que lo abría o lo hojeaba, mi padre me metía tremenda trova, y tremendo sermón sobre las ventajas del Socialismo. y me decía que seríamos todos doctores, ingenieros, y estadistas.  Tenía razón, aunque él no vio lo que vendría luego en aquel Socialismo.  Aunque sí vio a su hijo graduarse de la universidad.

Y tampoco nadie se imaginaba, al menos yo no, cuánto odiaríamos muchos, ya de adultos, a aquel partido de mentiras y de lavados de cerebro.  Y es que nos tocó vivir un período de cambios sociales, políticos, muy convulso, con reajustes bruscos de estructuras económicas de bloques de países poderosos a los que había que aliarse, o te tragaban.  Claro, nosotros no entendíamos eso, si apenas éramos unos pioneritos.  Creo que la mayoría de nuestros amigos, de nuestra generación, tomó decisiones similares.  El 70-80% de mis compañeros de la Lenin, de los Camilitos, del Pre de Pablo, y de Cubatur, partieron como tú y como yo, hacia otras tierras del mundo que reclamaban el concurso de nuestros modestos esfuerzos (¿te acuerdas de la frase de la Carta de Despedida del Ché a Fidel?), y han echado raíces en esas otras tierras del mundo.  No puede haber tanta gente equivocada.  Eso nos quedó siempre claro, a ti y a mí, y a miles más, de que a pesar de todo lo bueno y grandioso que dejamos atrás, el partir de Cuba fue una de las mejores decisiones de nuestras vidas.  Ojalá que al final el balance para ti haya sido también positivo, y no te hayas arrepentido nunca.

Luego muchos tomamos el camino hacia el norte, pero yo nunca pensé que aquella pionerita fuera uno de los hijos de la Revolución que un día abriría bien los ojos y buscaría un futuro mejor, más justo, más al norte.  Igual, para nosotros, de niños buenos, estudiosos, de sacar 100 en las pruebas y todo aquello, ya sabes, destacados, “mechados” en los estudios, era tanto un mérito el ser seleccionados para “asaltar” aquel congreso (que honestamente, para nosotros no tenía mucha connotación política, digo, como niños), como una aventura juvenil, corriendo por todo aquel Teatro Karl Marx, y nos llevaban en guaguas, y nos daban unos sandwiches de jamón y queso que eran la vida misma, y una latica de jugo de mango Taoro, o dos laticas, a veces, aquello era la gloria.  Y luego, a correr por aquellos pasillos agitando las pañoletas, gritando consignas y mierdas revolucionarias, era un vacilón, éramos niños, y éramos felices.  Fueron una niñez y una juventud intensas, felices.  Creo también que fuimos una generación especial, y los años que vivimos juntos codo con codo, brazo con brazo, nos hicieron fuertes, y nos hicieron amigos de por vida.

Más tarde en Cubatur, yo de guía de turismo, ya sabes el tronco de gusano en que me había convertido desde antes de la universidad, porque nos veíamos con regularidad, en La Colina, en los conciertos de la Nueva Trova, en la guagua, en La Rampa, y claro, yo de gusano extremo ya, aún así guardaba la postura “revolucionaria” ante mis jefes comunistas y chivatones porque si no, pues no comías.  Recuerdo los tiempos en que trabajamos juntos, y las colaboraciones de tu empresa con mi empresa, y claro, las frustraciones de una intelectual naciente, consciente, en la cúspide de su habilidad y claridad intelectuales, en sus cabales, a quien habían ubicado en tal o más cual lugar o empresa, y que obviamente, se iba a embrutecer hasta comer hierba, porque de escribir y de pensar, nada, oh, no, qué va, compañera, nada de eso, compañera, olvídate de esto, aquí no se piensa, aquí vas a ser una autómata que repita los discursos del tío, y claro, tú frustrada porque sabías bien que ahí sólo te ibas a embrutecer.

Y luego, en la Yuma, adonde llegamos todos de modos disímiles, algunos increíbles, en la aventura de escapar que todos los cubanos tenemos que pasar como penitencia, no olvido nuestras largas peroratas en tu casa, o en el parqueo del Sam’s Club de Walmart donde yo trabajaba de cajero, y tú, siempre amable, poniendo tu hombro ahí para escuchar al Trelles con todas sus protestas de que esto era una farsa, que me habían engañado, y de que cómo yo iba a pasar de guía de turismo a cajero, que eso era inconcebible, y que ésta no era la Yuma que nos habían pintado la gente de la Comunidad, con tremendas cobas y cadenas de oro, ni la Yuma que yo había soñado y que venía a conquistar, ni la que habíamos visto en la película del sábado.  Y nada, era muy jodío sentirse conquistado, en vez de conquistador.

Y luego, yo te aguantaba a ti la trova de tus frustraciones, que no eran pocas tampoco, y además, siempre tuviste razón, porque esta nueva vida que habíamos logrado agenciarnos por nosotros mismos, aunque materialmente nos satisfacía, no era toda la excelsa vida cultural de nuestra querida Habana, la que un día habíamos tenido, ni sus teatros, ni sus festivales de cine, ni sus librerías viejas y destartaladas pero llenas de sabor cultural, ni el afamado y concurrido Coppelia, donde siempre una mente literaria como la tuya o la mía encontraba un motivo de crítica o celebración del folklore cubano, o una maravillosa historia habanera que hilvanar.  Ni la prensa que aquí reinaba e imperaba en Miami, te daría muchas oportunidades para escribir y brillar como periodista y escritora, a menos que estuvieras muy pero que muy bien conectada en la nueva patria, si se quiere.  Eran las cosas difíciles de un capitalismo amable y prometedor que habíamos soñado tener, y que a la larga, a pesar de los triunfos posteriores, nos castigaría sin mucha compasión.  Y sí que nos castigó, joder, sí que tuvimos que pagar una penitencia fuerte.

Me vienen mil cosas a la mente, y no me consuelo con que te hayas ido.  Acabo de entrar a Facebook y he leído un montón de notas, de Landa, de Maricarmen, de Ernesto el Grondy, no sería justo dejar a nadie fuera, pero son muchos, muchos, muchos, los amigos que te llaman, que te nombran, que te recuerdan, y que acuden a este momento de pena y pesar colectivos por tu repentina partida.  Leo algo de que puede haber habido un problema cardíaco, pero nada se confirma.  Con tan lindo semblante y espíritu, con tantos buenos deseos y actitudes, ¿cómo puede rendirse así un corazón?

De todas formas, no importa por qué o cómo te fuiste.  Espero que tu mente haya estado en paz, con pensamientos de tranquilidad, de quietud, de serenidad, y de equilibrio emocional.  Sé lo difícil que fue, y que era en muchas ocasiones controlar las frustraciones, las tantas emociones, las diferencias familiares, las presiones sociales, las cargas de estrés disímiles e insoportables, y sí, la Yuma tenía mil cosas lindas, pero las cosas feas eran muy feas, y a ambos nos jodían, y nos estresaban, pero ya no había marcha atrás.  Ojalá, después que dejamos de vernos, no te hayan hecho tanto mal como nos hicieron al principio los cíclicos “gorriones” del habernos separado tan bruscamente de nuestra tierra querida y de nuestro mundo de relativo éxito intelectual y profesional en Cuba.  No hay huellas claras de las enfermedades mentales, ni de los abusos y torturas de la mente cuando estamos bajo una presión emocional inmensa, intensa, e infranqueable como la que a veces parecía dominar nuestro mundo de recién exiliados.

Ciertamente, de que nos dieron unos buenos papazos cuando llegamos, de eso no cabe duda, y muchas veces compartimos historias de frustración y de esperanza juntos.  Pero eran golpes emocionales fuertes.  Y ambos sabíamos que vendrían más, y más fuertes.  Ojalá que los otros vendavales emocionales que nos azotaron, los hayas soportado todos.

Con cada año que pasa, algunos de nuestros mejores amigos parten a destiempo.  Creo que es terriblemente cruel que nos vayamos del mundo material tan jóvenes, con tantos sueños aún por realizar, con hijos y familia todavía en proceso de crecimiento, y con tantas esperanzas que no pudieron cristalizar.  Pero la realidad, al final del juego, al final de este hermoso juego de la vida, tristemente, es más fuerte, insoslayable, e impostergable de lo que pensamos.  Y en algún momento los malos vicios, o la mala alimentación, o los abusos y los excesos de la juventud, nos alcanzan y nos cobran todas las “locuras y fechorías” que hicimos con el cuerpo que Dios nos prestó, o simplemente, los genes más débiles se rinden y las dolencias nos empiezan a azotar.

Que sirva hoy mi elegía para llorar el luto de haber perdido en meses o años recientes a tantos otros buenos amigos de la Lenin, a Amarilys, una chamaca tan buena gente, tan suave y delicada, y tan graciosa, siempre riéndose con todos; a Jorge César, un tipo tan buena gente, tan amistoso, sereno, un chamaco chévere, es triste perder gente tan buena; a Ileana, que no era de nuestro año, pero era muy buena gente, y buena amiga, y a Marimón, que sí era de nuestro año, y era un chamaco muy buena gente, muy activo, siempre jovial, contento, chistoso, el típico joven entusiasta y emprendedor de la Lenin; a mi amigo Arturo Edreira, un tipo tan sociable y amistoso, y cuyo cuerpo no fue encontrado aún después del naufragio de su navío, cojones, yo me impresiono, porque tú oyes historias de si esto o si lo otro, pero cuando es un amigo tuyo el capitán del barco, y luego se lanza a salvar a su tripulación, y ofrece su vida a cambio del honor de salvar a su amigo y compañero, yo me quito el sombrero, y le hago honor eterno a mi amigo, a mi amigo Arturo Edreira; a tantos otros buenos compañeros, a Elsita, que se nos fue hace unos meses, a Leonor, a otros tantos que han partido tan jóvenes, a destiempo.  Ahora a Susana.

Eran todos y cada uno de ellos, nosotros mismos. Eramos hermanos de trinchera en los años de la Lenin, y al final, de esas “batallas” de la infancia y la adolescencia, nacieron grandes amistades que perduran hasta hoy, por más de tres décadas.

Claro que todos los amigos que los queremos, a esos seres especiales que ya han partido, tenemos mil historias de esto o de lo otro, de cada uno de nuestros amigos, en momentos felices, en la playa, de pase, en el cine, en una fiestecita bailando casino, o “inyectándonos” en las venas una musiquita enemiga de Boston o Bee Gees.  O los recordamos en el gimnasio de la Lenin, en el estudio individual, en la piscina, en el Cross, en la recreación y un baile a son de balada de Billy Joel o Donna Summer.  O en el horario de la merienda, y los masareales y las maltas, y los palos al comedor, o los palos de la merienda, y Calañas, y el otro, y el otro, y el jefe de disciplina por aquí y la directoria por allá, y Sonia tal (cuál era su apellido, la directora aquella famosa), en fin, mil historias que nos “hicieron” juntos, que nos forjaron juntos, que nos hicieron lo que hoy somos.

De hecho, ¿cómo puede uno olvidar todo aquel manantial de historias y emociones?  Después de todo, en aquel experimento de becas revolucionarias nos hicimos todos o la mayoría, hombres y mujeres, y aprendimos los peligros y los errores, y las virtudes y las bondades, juntos, de la mano de algún buen amigo o amiga que hoy atesoramos como el diamante bruto que nos tocó esculpir de la piedra viva, y que al cabo de tantos años, a través de batallas y de victorias, pulimos hasta que brillara como brillan hoy estas amistades forjadas para siempre.

Claro que los que te queremos, Susana, igual tenemos muchas historias sobre ti o contigo.  Cualquiera que haya estado en la Lenin, o los que te conocíamos del barrio, de la casa de la abuela, en Playa, o desde la primaria, tenemos alguna historia favorita.  Pero todos, estoy seguro que todos, recordamos hoy a aquella rubia inteligente, con materia gris en el coco, que concatenaba tan bien las ideas y las pintaba en el aire con una gracia especial, al tiempo que su pelo rubio ondeaba en el viento.  Eras bella.  De verdad, eras bella, bueno, eres bella, en presente, porque aún si te nos has ido, así, bella, te recordamos.

Pero más allá de tu pelo o de tu bella sonrisa, el carisma y la proyección de una mujer cultivada, interesante, y culta llamaba la atención de cualquier caballero.  Una “chamaquita leída y escribida,” un bombón de París, con celofán y cerebro.  Una amiga, así mismo, una amiga que te puede un día guardar un secreto o regalarte un consejo.  Cuántos de los varones de la Lenin no te hubieran querido “fajar” en aquellos años.  No digo esto como falta de respeto, si te has ido, sino para humanizarte, porque si algunos no recuerdan la persona humana, la estudiante, la amiga que eras, sólo las historias de esos años nos lo harán recordar.  Ahora visualizo tu rostro, y no veo más que una sonrisa, amable, amiga, a pesar de que te fuiste a San Fran hace tanto rato.  Coño, yo sé de los gorriones que te azotaban aquí, y sé también de los “mocos caídos” que te causaban las larguísimas, las continuas e interminables lloviznas de Seattle, así que San Francisco y sus noches frías de invierno no pueden haber sido el mejor aliado tampoco.  Pero igual, cuando te fuiste de Miami seguiste pensando en escribir y ese horizonte intelectual, aunque nunca faltaría un reto en esta vida, igual parecía un objetivo alcanzable.

Y luego ya nos separamos, porque así es la vida.  Cada quien sigue sus sueños y persigue sus propios derroteros con la esperanza de vencer.  Y entonces te fuiste a California, y ya dejé de verte.  ¡Cuánto lo siento, Susana!  Hasta ahora, que entro a Facebook, y veo un Friend Request de mi amiga Susana.  Me dio alegría, y me dio mucha tristeza, hasta el punto de que no le he hecho clic todavía, hasta que no termine de escribir esta elegía.  No sé si tienes fotos ahí, no sé si estás flaca, o gorda, o rubia, o calva, o casada, o divorciada, o con siete hijos, o juntada con un príncipe rico, o si encontraste un alma benevolente que te haya hecho feliz.  En mi mente, seguirás siendo una mujer hermosa, una mente hábil, y una buena amiga.  Pero ojalá que sea esto último, que hayas encontrado la felicidad.

Sí que me ha dado alegría ver el Friend Request de mi amiga Susana.  Pero me siento derrotado y triste; es muy tarde ya porque mi querida amiga Susana se nos ha ido.

Y si a todo aquello le sumabas las gracias más íntimas a nivel familiar, de hablar, y reir, y bromear, y disfrutar en familia y con los amigos, y un par de cervezas en casa oyendo a Silvio o a Pablo o a éste o al otro, o de coger, coño, ahí mismo la guitarra con Rubén y ponernos todos a improvisar en el balcón o el portal de la casa de al lado del expressway, y “meter pescao” con las canciones de la Nueva Trova, o tremenda serenata con los Beatles pa desconectar del estrés de este Miami revuelto y brutal, bueno, pues eso ya es un bono.   Tampoco supe ya más de los puros, ni de Rubén y Niurka, y Sebastián y Mónica deben estar grandísimos.  Estoy seguro de que la familia está sufriendo esta pérdida gravemente.  A menudo, los momentos más sencillos, los más comunes del ajetreo diario, de un encuentro rápido y casual con los amigos, joder, se convierten en grandes memorias.

Siento mucho tu partida, Susana.  Ojalá que hayas conseguido todo lo que un día, de niña, de jovencita, y de mujer adulta, soñaste alcanzar en esta vida.  Ojalá que hayas sido feliz. Ahora, le pido a mi Madre Obbatalá y al Grande, a Papá Dios TodoPoderoso que te den paz eternamente, y que tu espíritu se eleve a alguna atalaya en algún castillo medieval por ahí y te dé un arpa bien grande, y pluma, papel y tintero para escribir y recitar poemas.  Que vayas en paz, Susana.  Tus amigos te recordarán, de hecho, aunque no entraba a Facebook hacía ocho meses, me impresiona ver cuántos amigos te recuerdan y celebran a la bella muchacha que fuiste.  Los que te conocieron más de cerca, los que te conocimos más de cerca te vamos a extrañar mucho, tus penas y tus victorias en esta tierra, tu belleza y tu espíritu, PRESENTES.

Siempre recuerdo la archifamosa cita del párroco y poeta inglés John Donne, que luego popularizara aún más nuestro querido Hemingway, y que sabías que en mi locura podía recitar completa de memoria, porque la había estudiado en la Facultad de Lenguas Extranjeras, y la había repetido tres mil veces.  Susana, nunca hubiera pensado que un día la diríamos por ti.  Hoy, tristemente, en tu honor, siento el peso de cada letra, de cada palabra, de cada línea, sin encontrar razón de por qué te fuiste, tan joven:

“No man is an island entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the maine.  If a Clod be washed away by the Sea, all Europe is the lesse, as if a promontorie were, as well as if a manor of thy friends, or of thine own were.  Every mans death diminishes me, because I am involved in Mankinde.  And therefore, never send to know for whom the Bell tolls: it tolls for thee!”     

“Nadie es una isla completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva un trozo de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti!”  

John Donne, Meditation XVII

Te nos fuiste muy pronto, Susana.  Por eso hoy lloran tus amigos; por eso hoy doblan las campanas.  Doblan por mí, doblan por todos los que te queríamos y hoy hemos perdido un trozo de nosotros mismos.   En las notas jubilosas y tristes de este piano se va un poco de todos nosotros, sé que se va un trozo de mí.  Gracias por las bellísimas memorias.  Ahora ándate por la Luz.  Todos te recordaremos, por tu atractiva figura femenina y tu belleza interior, por tu talento innato y brillo intelectual, y por tu espíritu amistoso y soñador, en esta hora triste, y en todas las horas, ¡tus amigos todos, te recordaremos!

Hasta siempre, Susana

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Tu amigo Ricardo Trelles Rodríguez

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About Ricardo Trelles

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2 Responses to ¡Adiós, Susana!

  1. Carmen Portuondo's avatar Carmen Portuondo says:

    Maravilloso esta despedida a Susana q solo tu sabes escribir, muy emotiva y merecida

  2. elirivera@wanadoo.es's avatar elirivera@wanadoo.es says:

    soy amigo de la familia, de ruben y de susana, gracias mil por estas palabras, me gustaria dar con la familia

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